Derrota de los partidos y de sus dirigentes (opinión). ACN
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Cada vez que una encuesta electoral revela que aumenta la opción "ninguno" entre los ciudadanos, la clase política suele interpretar el dato como un problema de comunicación, campaña o imagen.
Sin embargo, el fenómeno es más profundo. Lo que estas cifras reflejan es una crisis de representación que se viene gestando en la sociedad dominicana desde hace más de dos décadas.
La desaparición de la escena política de Juan Bosch, Joaquín Balaguer y José Francisco Peña Gómez marcó el fin de una era. Más allá de las diferencias ideológicas y juicios históricos que ameritaban sus trayectorias, esos líderes tenían una característica común: evocaban identidad, pertenencia y compromiso.
La gente no sólo votó por ellos; Se siente parte de una visión de país.

Con su salida, la política dominicana inició una transición hacia un modelo más pragmático y menos dogmático. Los partidos conservan sus símbolos y su estructura, pero pierden su capacidad de inspirar una lealtad duradera.
La militancia ha dado paso al marketing político; Los conceptos fueron reemplazados por técnicas selectivas; Los proyectos conjuntos dieron paso cada vez más al liderazgo situacional.
Mientras tanto, una nueva generación de ciudadanos ha crecido sin vínculos emocionales con las tradiciones políticas que caracterizaron el siglo XX. Para muchos jóvenes, los partidos ya no representan causas o aspiraciones, sino máquinas electorales alejadas de sus preocupaciones cotidianas.
Los resultados son visibles en la encuesta: está aumentando el número de personas que no se identifican con ninguna organización política. No se trata necesariamente de apatía. Tampoco lo es la indiferencia.
En muchos casos se trata de una forma silenciosa de protesta contra una propuesta política que no logra generar confianza ni entusiasmo.
Ninguno de ellos
La opción "Ninguno" se ha convertido en el partido invisible dominante en República Dominicana. No tiene sede, ni líder, ni financiación, pero crece elección tras elección y voto tras voto.
Su crecimiento debería preocupar a todos los actores políticos, ya que revela una ciudadanía más escéptica, más crítica y menos dispuesta a otorgar confianza automática.
La verdadera pregunta es por qué "ninguno" crece. La pregunta es quién podrá llenar el vacío de representación que dejaron los grandes líderes de la historia política dominicana.
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