Rebelión digital
Hace casi un siglo, José Ortega y Gasset publicó Insurrección del pueblo, obra en la que advertía del riesgo de que el juicio, el conocimiento y la responsabilidad fueran desplazados por la persuasión de la mayoría. Su preocupación no era la democracia, sino la posibilidad de que la más alta opinión prevaleciera sobre la reflexión y el mérito.
Hoy, en la era digital, esa advertencia adquiere una relevancia inquietante. Las redes sociales han democratizado la comunicación y han permitido a cualquier ciudadano expresar sus ideas, denunciar abusos y monitorear el poder. Este progreso fortalece la democracia. Sin embargo, han convertido los me gusta, las opiniones y la viralidad en una nueva medida de influencia, creando la falsa impresión de que popularidad equivale a autoridad o que el aplauso instantáneo reemplaza el análisis tranquilo y el juicio responsable.
No todo lo que une a la multitud fortalece a la institución. Cuando el debate público se alimenta de consignas, emociones y tendencias pasajeras, se corre el riesgo de crear una atmósfera de conflicto que afecte los intereses colectivos. Una narrativa persistente de crisis, incluso si se basa en preocupaciones legítimas, puede proyectar una imagen de un país en crisis en el exterior.
En una economía abierta como la dominicana, esta percepción puede hacer que los turistas reconsideren sus planes de viaje, que los inversionistas pospongan decisiones y que las empresas sufran una menor actividad, con el consiguiente empleo y crecimiento.
Porque defender y protestar es un derecho inalienable. Pero cada libertad conlleva una responsabilidad proporcional por el alcance del mensaje. Una persona que influye en decenas de miles de personas debería preguntarse si tiene razón, pero qué impacto pueden tener sus palabras en la paz social, la confianza en las instituciones y la imagen internacional del país.
En este contexto, algunos sueñan con encontrar un "Buccle dominicano", como si el liderazgo pudiera mejorarse siguiendo una tendencia de la red. El liderazgo auténtico no nace de una moda pasajera ni de un algoritmo. Se forjan con preparación, conocimiento, experiencia y comprensión de la historia. Gobernar una nación requiere mucho más que dominar el lenguaje de la viralidad o acumular seguidores.
La República Dominicana necesita ciudadanos críticos, no ciudadanos cautivos de "opciones". Se necesitan voces que discutan más de lo que griten y que entiendan que la reputación internacional de un país es una herencia colectiva. Ortega y Gasset nos recordó que la libertad sólo florece cuando va acompañada de responsabilidad y justicia. En la era de los algoritmos y la viralidad, esa lección es más necesaria que nunca.




