Abstinencia y Validez

La participación electoral se considera tradicionalmente el indicador más visible de la salud de una democracia. ¿Pero es tan desastroso que tantos votantes no se presenten el día de las elecciones como advierte la oposición?
Contrariamente al pesimismo del abstencionismo en el que han caído incluso los politólogos y los analistas de los medios de comunicación de renombre, la ciencia política contemporánea ha demostrado que la disminución de la participación ciudadana en las elecciones no es una señal de decadencia democrática.
En este sentido, el eminente politólogo italiano Giovanni Sartori explicó que la democracia moderna se basa en la existencia de instituciones capaces de garantizar la competencia política, el pluralismo y las alternativas al poder. Cuando estas instituciones ganan estabilidad y legitimidad, las elecciones dejan de considerarse una lucha existencial por la supervivencia del sistema y se convierten en un mecanismo común para la renovación del poder.
Para el sociólogo alemán Max Weber, "el proceso de racionalización de la vida política transforma gradualmente el liderazgo carismático en autoridad jurídico-racional". En las democracias maduras, los ciudadanos desarrollan una mayor confianza en las instituciones y comprenden que la eficacia del Estado no depende exclusivamente del resultado de una elección determinada.
Por su parte, Joseph Schumpeter considera que la participación ciudadana es esencialmente selección entre élites políticas en competencia. Una vez consolidadas las reglas del juego democrático, a muchos ciudadanos les resulta suficiente ejercer ocasionalmente su derecho al voto sin involucrarse intensamente en cada proceso electoral.
Desde American Political Science, VO Key Jr., uno de los principales expertos en comportamiento electoral, argumentó que la participación depende del contexto político, el grado de competencia entre candidatos y la percepción de que votar puede marcar una diferencia significativa.
Esta realidad se puede observar en numerosas democracias consolidadas como Estados Unidos, Canadá, Suiza, Japón y varios países europeos, donde las tasas de participación son generalmente más bajas que las registradas durante el proceso de transición democrática o en momentos de profunda crisis política. Esto no significa que estos sistemas carezcan de legitimidad o que su democracia sea débil.
La validez de una elección no depende sólo del porcentaje de participación. Desde el punto de vista jurídico y político, sobre todo, todos los ciudadanos tienen iguales oportunidades de votar, el proceso es libre, transparente, competitivo, imparcial y la legitimidad proviene de resultados respetados por los actores políticos. Una alta abstinencia afecta la legitimidad sólo si es resultado de fraude, coerción, exclusión sistemática, violencia o falta de garantías democráticas. Si, por el contrario, responde a una decisión independiente de los ciudadanos que optan por no participar, constituye una expresión más del ejercicio de la libertad política.
En definitiva, cuando una democracia se consolida, como es el caso de República Dominicana, el comportamiento electoral cambia.




