Cohesión versus suavidad

La política contemporánea, tanto en la República Dominicana como en el resto del mundo, atraviesa una crisis que no es ideológica ni generacional, pero sí coherente. Y cuando hablamos de coherencia, no hablamos sólo de coherencia discursiva, sino de algo más profundo: coherencia entre ideas, convicciones y formas de actuar.
Hay muchos líderes hoy que prefieren moldearse según la audiencia del momento. Se esconden detrás de carretes cuidadosamente editados, disfraces diseñados para proyectar intimidad o gestos calculados para crear una simpatía superficial. No actúan por verdad, sino por conveniencia. Esta práctica, que puede dar resultados en el corto plazo, socava la credibilidad en el mediano plazo.
El populismo y el oportunismo siguen siendo herramientas de campaña eficaces. Pero los votantes han comenzado a mostrar frustración. La saturación de promesas vacías y retórica adaptativa ha creado una demanda creciente de un liderazgo claro, definido y, sobre todo, coherente.
En este contexto, individuos como Abelardo de la Esprilla de Colombia han podido posicionarse contra las estructuras tradicionales. Más allá de la empatía, su perfil responde a un rasgo cada vez más valorado: la apertura. Hay una constante en liderazgos de distintas orientaciones, como Buccele, Miley, Trump o incluso Pedro Sánchez: no actúan a medias tintas.
Lo contrario ocurre con el alcalde de Nueva York, Mamdani, quien prometió ciudades y pueblos durante su candidatura, pero una vez en el cargo enfrentó una crisis derivada de una agenda incoherente y confusa.
El llamado "Tigre" de Colombia ha construido su posición en una posición firme y reconocida.
Sus opiniones sobre temas controvertidos y sus opiniones sobre el país no parecen fluctuar con los vientos políticos. Durante su campaña, rara vez se le vio cambiar de posición para complacer la situación. Y ese elemento, en tiempos de desconfianza, tiene peso: la gente puede no estar de acuerdo, pero respeta la solidaridad.
En los últimos días, hablando con un grupo de mujeres conservadoras activas en la vida pública, surgió una preocupación compartida: el declive del Congreso Nacional Dominicano.
Señalaron cuántos legisladores carecen de la capacidad (o el deseo) de defender en sus cargos las mismas ideas por las que hicieron campaña. Es decir, la convicción ha reemplazado a la calidez.
Esa calidez no es inofensiva. Es corrosivo. Debilita las instituciones, debilita el debate público y fortalece el cinismo ciudadano.




