Bienvenido Álvarez Vega con sinceridad y gratitud.
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Hay profesores que enseñan desde el aula. Otros lo hacen desde un escritorio, en una conversación de cinco minutos o mediante un silencio oportuno. Son personas que acaban escribiendo capítulos enteros de sus vidas a aquellos que han tenido el privilegio de conocer en el camino.
Este no es un artículo sobre la partida de un gerente. Es un acto de agradecimiento hacia un maestro.
Cuando trato de resumir lo que significa Bienvenido Álvarez Vega En cuanto a mi carrera, no pienso primero en los títulos que editó ni en los años que dedicó a la revista HOY. Recuerdo tres conversaciones. Tres momentos aparentemente simples, pero que cambiaron mi vida.
La primera ocurrió cuando me hizo una recomendación que, en ese momento, me pareció un consejo más:
– No te conformes sólo con el título. Estudiar una maestría.
Seguí ese consejo y terminé mis estudios. España. Esa experiencia amplió mi comprensión del periodismo y mi visión del mundo. Hay consejos que cambian una agenda; Otros cambian de suerte.
Años más tarde, cuando me puso al frente de HOY Digital, volvió a darme una lección que aún guía mi trabajo:
—A HOY Digital no le interesa ser el primero; El interés debe ser más preciso.
He vuelto a esa frase innumerables veces. Me recordó que la credibilidad es infinitamente más valiosa que cualquier clic y que nuestro compromiso nunca ha sido la velocidad, sino la verdad.
La tercera conversación fue probablemente la más difícil. Entré a su oficina llorando, con la duda en mi corazón y el peso de una decisión que inevitablemente incomodaba a algunas personas.
Me escuchó pacientemente y me dijo:
– Hasta hoy eras la persona más guapa de la redacción. Pero cuando ocupas un puesto de toma de decisiones, dejas de serlo para muchas personas.
En ese momento me di cuenta de que no solo estaba intentando aliviar mi pena. También me estaba preparando para el liderazgo. Me enseñó a tolerar malentendidos con los líderes, a aceptar responsabilidades difíciles y a aceptar que complacer a quienes son responsables de tomar decisiones puede no ser el objetivo.
Como pasa con quienes aman profundamente este trabajo, también tuvimos diferencias profesionales. Hemos defendido diferentes puntos de vista y sería deshonesto presentar el mío y nuestra relación profesional con él como una historia completamente coincidente. Sin embargo, con el tiempo me di cuenta de que esas inconsistencias también eran parte de mi aprendizaje, porque los verdaderos maestros también enseñan cuando nos obligan a pensar mejor.
Hace apenas unos días en la reunión del Dr. José Alfredo CoripioAcompañado por Don Pepín Coripio y Manuel CoripioLa salida de Bienvenido y la llegada de Rolando Guzmán como director presagiaron el inicio de una nueva etapa para el periódico, algo que me conmovió profundamente.
Más que del director o del periodista, todos hablaban de la gente de Bienvenido. Recuerdan cómo estuvo con Marian Aristy cuando su hermana enfermó y cómo estuvo al lado de Margarita Queiroz cuando ésta enviudó. Los ejecutivos y periodistas presentes no evocaron grandes portadas ni decisiones editoriales memorables, sino que expresaron empatía y solidaridad. Fue entonces cuando me di cuenta de que el mayor legado de dirigir una sala de redacción también está escrito en la vida de las personas.
Gracias señor Bienvenido por cada oportunidad que me brinda, por la confianza, por las correcciones oportunas y también por las exigencias. Gracias por creer en mí cuando todavía estaba aprendiendo a creer en mí mismo.
Estoy seguro de que hablo por muchos cuando digo que él nos enseñó no sólo a hacer periodismo, sino a ejercerlo con ética, integridad, prudencia y una inmensa virtud humana.
Dejas el lado del periódico, pero no abandonas esta redacción.
Lo tendrá todo periodista que aprendió de ti que la credibilidad vale más que la primicia, que el liderazgo requiere carácter y que la calidad humana nunca es un detalle secundario.
Y se acabó el cargo. Herencia, no.
Gracias, Sr. Bienvenido.




