Del petróleo a la electricidad: cómo está cambiando el poder energético mundial
Juliana Montani/Latinomérica 21
Cada vez que las tensiones geopolíticas amenazan el suministro de energía, la energía vuelve al centro del debate estratégico. Esto sucedió después de la crisis del petróleo de 1973 y el ataque ruso con gas a Ucrania. Hoy en día, los bloqueos en el Estrecho de Ormuz nos recuerdan hasta qué punto el poder es una cuestión de seguridad nacional y, como mínimo, de supervivencia política, tomemos a Bolivia como ejemplo.
Petróleo a electricidad
Durante décadas, el suministro de energía estuvo dominado por los petroestados. La energía de Arabia Saudita, Rusia o Irán depende de recursos fósiles escasos y geográficamente concentrados. Quienes explotaban pozos, oleoductos o vías marítimas controlaban una buena parte de la economía mundial. Las reglas del juego están cambiando: Arabia Saudita invierte en energías renovables a través de Visión 2030 y Rusia exporta tecnología nuclear. Los principales productores de fósiles quieren mantener su influencia en un mundo donde la energía ya no depende únicamente del petróleo.
Alfredo García, experto y consultor de la Agencia Internacional de Energía Atómica, afirmó que "los combustibles fósiles nos han llevado al nivel más alto de desarrollo humano". El petróleo no desaparecerá mañana: además del combustible, constituye una materia prima esencial para la agricultura, la industria química y la producción farmacéutica. Su peso relativo dentro de una matriz energética cada vez más diversa está cambiando, y el eje estratégico pasa del control de la energía a la capacidad de generar, almacenar, gestionar y distribuir electricidad.
Luciano Silva, experto en almacenamiento de energía para América Latina, ofrece una lección que replantea la discusión: el verdadero cambio es "de una realidad donde la energía era escasa a una realidad donde las energías renovables no convencionales -solar y eólica- son abundantes. Lo que hoy escasea es la gestión de esta energía renovable cambiante".
La observación es particularmente relevante para América Latina. Reemplazar las fuentes fósiles por fuentes bajas en carbono en Europa es un desafío. Según Silva, hay muchos países que no contaban con abundantes combustibles fósiles propios. Para ellos no se trata de una transición, sino de construir una autonomía energética respecto de recursos como el sol, el viento o el agua. Para ello, las baterías a gran escala son la tecnología que hay que desarrollar.
Dependencia de uno de otro
Si el siglo XX dependió del petróleo de Medio Oriente, el siglo XXI depende cada vez más de redes eléctricas inteligentes, semiconductores, almacenamiento y minerales estratégicos. Aquí surge una paradoja: en la nueva era energética, la dependencia no puede desaparecer, sino que es reemplazada por otra. La mayor parte del litio extraído del triángulo de Argentina, Chile y Bolivia se refina en Asia. China no sólo domina la fabricación de paneles solares, baterías y vehículos eléctricos: lleva años controlando toda la cadena de valor del LFP (ferrofosfato de litio) estándar.
La electromovilidad y el almacenamiento industrial actuales, a través de la innovación y el desarrollo subsidiados por el Estado, tienen una planificación a largo plazo y economías de escala difíciles de replicar, aunque recientemente las empresas chinas han estado invirtiendo en diversificar su producción.
Mientras América Latina intenta insertarse en esa cadena, China ya está transfiriendo tecnología a las baterías de iones de sodio, un material de amplia disponibilidad que la libera de la dependencia de las importaciones de litio.
Nuevos jugadores poderosos
Las luchas geopolíticas por el poder no ocurren sólo entre estados. Las grandes empresas tecnológicas están empezando a comportarse como actores poderosos. La proliferación de la inteligencia artificial está disparando la demanda de electricidad. Amazon, Google y otros hiperescaladores están buscando contratos de suministro a largo plazo, financiando infraestructura energética e invirtiendo en pequeños reactores nucleares modulares.
Microsoft ha firmado un acuerdo histórico de veinte años para comprar toda la producción de la central nuclear de Three Mile Island. La electricidad se está convirtiendo en un insumo estratégico tan importante como el petróleo en las economías industriales, y la energía nuclear está experimentando un renovado interés mundial.
Cronos y Kairós
La nueva geopolítica de la energía no se limita al acceso a la electricidad o la promesa de diferentes tecnologías; Se implementa en varias capacidades para planificar el futuro. Esto es lo que yo llamo "dumping político": la dificultad de sostener inversiones estratégicas a largo plazo en un sistema donde los costos políticos son inmediatos pero los beneficios serán cosechados por los futuros gobiernos.
La antigua Grecia distinguía entre cronos, tiempo cronológico, y kairos, el momento adecuado para actuar. Es necesario planificar aperturas políticas ideales para los reactores nucleares, las redes eléctricas o los sistemas de almacenamiento. Los calendarios electorales, por otro lado, operan bajo incentivos de muy corto plazo que a menudo resultan en parches y poca planificación para el futuro.
China ha calmado esa tensión con una planificación estatal a largo plazo, a expensas de un sistema unipartidista que limita la disidencia. Algunas democracias también lo han logrado: Finlandia está construyendo Onkalo, una encapsulación de desechos nucleares diseñada para durar 100.000 años: ningún político verá su fin (probablemente ningún otro tipo de ser humano). En Francia, el programa nuclear sigue siendo una política de Estado. Corea del Sur ha hecho de la energía y la tecnología los pilares de una estrategia industrial que ha durado décadas.
La clave para la seguridad energética reside en la existencia de acuerdos políticos e institucionales que puedan sobrevivir en el corto plazo.
Oportunidades en América Latina
América Latina tiene las mayores reservas mundiales de litio, cobre y uranio, además de abundantes recursos hidroeléctricos, solares y eólicos. La región, sin embargo, es víctima recurrente de la conocida "paradoja de la abundancia" o "maldición de los recursos", según la cual los países ricos en materias primas no traducen sus ventajas en desarrollo sostenible.




