China y Centroamérica: cooperación que fortalece el autoritarismo
César Eduardo Santos/Latinoamérica 21
Sin duda, los estudios sobre la influencia china en América Latina se han centrado en las relaciones económicas y comerciales entre el gigante asiático y los países de la región. Si bien existe una considerable investigación sobre, por ejemplo, el poder blando de China, es menos común encontrar un análisis de la influencia política e institucional del país en la región.
Entre los instrumentos de internacionalización política de Beijing se encuentran la diplomacia entre pueblos, la paradiplomacia china o el compromiso multilateral del Partido Comunista Chino (PCC) con América Latina, a través de espacios como el Foro Sino-Selak y sus diversos subforos, que involucran a la sociedad civil con los medios de comunicación, los think tanks y los partidos políticos.
Esta serie de procesos, que se emplean como vehículos de descentralización en los países democráticos, adquieren particular relevancia en su interacción con regímenes no democráticos. En Centroamérica, los casos de Nicaragua, El Salvador y Honduras (categorizados como autocracias cerradas, autocracias electorales y democracias electorales de zona gris, respectivamente, V-Dem) ilustran cómo estos vínculos pueden ser bidireccionales: por un lado, los gobiernos receptores los utilizan para reforzar prácticas de centralización del poder; Por otro lado, China los aprovecha para consolidar su presencia estratégica en el istmo.
En este sentido, la cooperación entre China y estos países no debe entenderse sólo como un intercambio de recursos o inversiones, sino como un marco más amplio de interacciones institucionales, tecnológicas e ideológicas que, en ciertos contextos, pueden contribuir a la reproducción de dinámicas autoritarias, como se señala en el Informe sobre el autoritarismo con características chinas del Open File Center.
Intercambio entre masas: socialización de élites y transferencia de prácticas.
Los intercambios entre pueblos son uno de los instrumentos más visibles (y al mismo tiempo más subestimados) de la proyección internacional de China. Obviamente, estos procesos buscan promover el entendimiento dentro de la sociedad. Sin embargo, forman parte integral de la política exterior del PCC y operan bajo un fuerte control estatal, lo que revela redes de influencia que vinculan a los actores extranjeros con el aparato político chino.
En América Latina, y particularmente en Centroamérica, estos intercambios han trascendido las esferas culturales o académicas para incluir sectores sensibles del aparato estatal. Delegaciones de policías, militares, jueces y fiscales participaron en programas de capacitación en China, donde conocieron doctrinas operativas y modelos de gobernanza asociados con la aplicación de la ley y la administración de justicia. En el caso de Nicaragua, agentes de la policía nacional sostuvieron reuniones bilaterales con el Ministerio de Seguridad Pública de China y participaron en programas de capacitación que incluyeron entrenamiento en tácticas antidisturbios, el uso de drones en operaciones policiales, investigación criminal y protección de dignatarios. Esta cooperación también se extiende a la participación en plataformas de seguridad internacionales lideradas por China.
De manera similar, en 2024, el embajador chino Zhang Yanhui, junto con el recién nombrado agregado de defensa Dai Zhenggang, celebraron una reunión formal con el Ministro de Defensa de El Salvador en la que discutieron la ampliación de la cooperación en áreas clave de defensa, lo que indica una profundización de los vínculos militares entre los dos países. Estas interacciones trascienden el sector de la defensa y se extienden a los ámbitos legal y financiero. En 2023, el presidente de la Corte Suprema, Oscar López, se reunió con el presidente del Tribunal Supremo Popular de China, Zhang Jun, en Beijing, donde firmaron el Acuerdo de Cooperación Judicial. Posteriormente, en 2024, el fiscal general Rodolfo Delgado se reunió con su homólogo chino para fortalecer la cooperación entre las instituciones judiciales.
Se puede observar un patrón similar en Honduras, donde la presidenta de la Corte Suprema, Rebecca Raquel Obando, asistió a un foro de cooperación judicial organizado por China en Guangzhou en 2023 y se reunió con el embajador chino Yu Bo en 2024 para ampliar la cooperación jurídica bilateral. Dichos intercambios han facilitado la circulación de experiencias relacionadas con la digitalización judicial, la gestión penal y la construcción del llamado "estado de derecho", en un contexto donde el poder ejecutivo ha ampliado su control sobre el poder judicial.
Dicho esto, sería un error suponer que estos intercambios conducen automáticamente a la adopción del modelo chino. Más bien, su relevancia radica en la socialización gradual de las elites políticas y administrativas en estructuras alternativas de democracia liberal. Como se señaló, estos espacios funcionan menos como plataformas para el diálogo horizontal y más como mecanismos para integrar a actores extranjeros en redes de influencia lideradas por el PCC, promoviendo el gobierno unipartidista y una visión ideológica de desarrollo sin liberalización política.
Tecnología y regulación: dimensiones materiales de la cooperación
Si el intercambio entre personas opera al nivel de socialización de élite, la exportación de tecnología constituye su contraparte material. En Centroamérica, esta dimensión se desarrolla en gran medida mediante la provisión de infraestructura digital,
Telecomunicaciones, plataformas de vigilancia y soluciones de "ciudades inteligentes", muchas de ellas impulsadas por empresas vinculadas al Estado chino. En Nicaragua, el gobierno sandinista impulsó sistemas como el CINAREM (Sistema Nacional de Respuesta a Emergencias) con ayuda china. Este tipo de arquitectura tecnológica basada en datos centralizados y vigilancia coordinada tiene aplicaciones obvias para el control social. En la misma línea, la Biblioteca Nacional de San Salvador, construida por una empresa china, incluye sistemas de reconocimiento facial y servicios automatizados. Además, funcionarios salvadoreños visitaron empresas como Huawei, China Mobile y BYD como parte de un programa de capacitación en China, donde conocieron la tecnología 5G, plataformas de conectividad y soluciones de gobernanza digital. Aunque se presentan bajo discusión de modernización, estas herramientas amplían la capacidad del Estado para gestionar datos y monitorear el espacio público.
Honduras se encuentra en una etapa más temprana de cooperación técnica con China, pero sigue una trayectoria similar en otras áreas. Funcionarios hondureños participaron en el programa "Ciudad Inteligente" en China, donde estuvieron expuestos a sistemas de "cerebro urbano" basados en big data, sensores y vigilancia integrada. Internamente, el sistema de emergencia nacional 911, que incluye reconocimiento de matrículas y miles de cámaras interconectadas, ha sido equipado con tecnología de Huawei y otras empresas relacionadas. Aunque se presenta como una infraestructura de seguridad pública, este sistema proporciona la base para mayores capacidades de vigilancia.
La relevancia de la tecnología china no reside sólo en su potencial para una represión abierta. Según análisis recientes, estas herramientas permiten formas de control más sutiles y continuas y amplían no sólo la capacidad del Estado para reprimir, sino también para gobernar por adelantado.
La cooperación autoritaria como proceso relacional
La dinámica anterior nos invita a reconsiderar la presencia de China en Centroamérica. Más allá de la infraestructura y el comercio, la evidencia apunta a un marco de cooperación más amplio. Por un lado, China amplía su influencia en sectores estratégicos del aparato estatal, construye redes con las élites gobernantes y promueve la adopción de estándares tecnológicos y marcos regulatorios alineados con sus intereses globales. Por otro lado, los regímenes receptores obtienen acceso a recursos, tecnología y conocimientos que pueden fortalecer su capacidad regulatoria, reducir su dependencia de socios occidentales y legitimar sus prácticas de gobernanza liberal.
Sin embargo, este proceso no es uniforme ni determinista, ya que su impacto depende en gran medida de las condiciones políticas internas. En Nicaragua aumenta cooperación con China
Estructuras autoritarias existentes; En El Salvador, se asocia con un proceso más gradual de autocracia, y en Honduras, genera preocupaciones principalmente vinculadas a dependencias estratégicas emergentes.
En este sentido, la cooperación autoritaria debe entenderse no como una imposición externa, sino como un proceso relacional moldeado por la convergencia de intereses y trayectorias políticas específicas. Así que la cuestión clave no es si China está "exportando autoritarismo", sino cómo interactúan sus procesos de cooperación con las dinámicas internas que ya se están moviendo en esa dirección.




