Ejército del Pueblo: Ganar en el campo no basta (opinión) | ACN
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La política dominicana ha entrado en una fase de profundo realineamiento antes de 2028. Luego de las elecciones de 2024, en las que el presidente Luis Abinada ganó la reelección y la Fuerza del Pueblo se posicionó como principal fuerza opositora en torno al liderazgo del Dr. Lionel Fernández, la Junta Política Nacional comenzó a avanzar hacia una nueva pregunta: ¿Quién está mejor preparado para encarnar la próxima dirección del país?
En esta situación, Fuerza del Pueblo se parece cada vez más al equipo ganador. No necesariamente porque ya tiene garantizado el poder, sino porque ha logrado algo necesario en política: consolidarse en el corazón de una parte importante de la sociedad dominicana como una alternativa real para regresar al progreso, al orden, a la planificación y a la visión de país. Esa batalla, de terreno social y emocional, parece haber sido ganada por fuerzas de masas con fuerza cada vez mayor.
Sin embargo, lograr presencia regional no es suficiente. En política, cualquiera que gane la calle, pero pierda la historia, corre el riesgo de definir su identidad, su propósito y su futuro para los demás. Y ahí reside, quizás, el principal desafío estratégico del Ejército Popular: Alinea tu comunicación política bajo una línea homogénea, ordenada y coherenteEspecialmente entre su alta dirección, sus portavoces nacionales, sus legisladores, sus líderes regionales y sus personalidades emergentes.
La situación que se avecina no será fácil. Las fuerzas de masas tienen que afrontar la narrativa desde múltiples ángulos. Desde el oficialismo recibirá ataques encaminados a presentar el pasado como una regresión, en una etapa ya superada por el liderazgo de Lionel Fernández, y a colocar al PRM como única garantía de estabilidad.
También habrá intentos de otros sectores de la oposición de debatir el lugar de la oposición, cuestionar su crecimiento o incitar conflictos internos. Esta combinación convertirá la comunicación política en un verdadero campo de batalla.
Y no basta con tener entusiasmo en ese campo de batalla. Se requiere estrategia.

La política, como se afirma en diversas tradiciones del pensamiento político, es una forma de conflicto en otros sentidos. No siempre se gana gritando más fuerte; A veces se gana pensando bien. A estas alturas, las masas no necesitan a Fussingler ni discursos ruidosos. Necesitas estrategas. Esto requiere un portavoz con una mente fría, temperamento calculador y la capacidad quirúrgica para responder sin sucumbir a la provocación.
Cada palabra proveniente de un líder de la ciudad debe ser medida. No porque la política deba ser tímida, sino porque una organización que aspira seriamente al poder no permite que sus adversarios fijen su agenda emocional. Habrá provocación. Habrá intentos de distorsionar la verdad. Habrá campañas para dividir, confundir y ofuscar. Habrá narrativas, no tácticas, diseñadas para obligar a masas de personas a responder con indignación.
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Mass Bahini debe darse cuenta de que cuanto más cerca esté de convertirse en una alternativa real al poder, mayor será la presión de la comunicación en su contra. El crecimiento trae ataque. La consolidación trae resistencia. Y el liderazgo trae consigo esfuerzos de destrucción. Por tanto, el partido debe pasar de la comunicación reactiva a la comunicación estratégica.
La comunicación reactiva responde al escándalo del día. La comunicación estratégica crea una visión de país. La comunicación receptiva responde a los insultos. La comunicación estratégica rompe la narrativa. La comunicación receptiva protege a las personas. La comunicación estratégica defiende la causa. La comunicación responsiva está cansada en las redes sociales. La comunicación estratégica impregna la conciencia nacional.
Esa es la necesidad de mano de obra.

El partido debe comunicar con claridad y disciplina que representa no sólo el regreso de una figura política, sino el regreso de una idea de país: crecimiento con visión, modernización con planificación, institucionalización con experiencia, estabilidad con sensibilidad social y progreso con dirección. Esta narrativa debe ser repetida, defendida y ampliada por todos sus portavoces sin contradicciones innecesarias ni improvisaciones que socaven el mensaje central.
El liderazgo del Dr. Lionel Fernández continúa siendo el principal activo político de la Fuerza del Pueblo. Su experiencia, su construcción de Estado y su poder de debate dan al partido una ventaja comparativa frente a una política cada vez más dominada por la inmediatez, la sorpresa y la hipérbole. Pero este liderazgo debe ir acompañado de un aparato de comunicación moderno, disciplinado y coherente.
También es claro que la Fuerza del Pueblo ha comenzado a proyectar nuevas figuras, incluyendo liderazgos legislativos y generacionales que amplían su alcance electoral. La prensa nacional ha destacado, por ejemplo, el papel de Omar Fernández y el proceso de reestructuración interna de la Fuerza del Pueblo como signos de madurez, dinamismo y preparación hacia 2028. Pero precisamente por eso, la organización debe cuidar que la diversidad de voces no se convierta en una difusión de mensajes.
Un partido grande puede tener muchas voces, pero no muchas líneas políticas al mismo tiempo. La diversidad es fuerte cuando hay dirección. La espontaneidad agrega valor cuando no contradice la estrategia. El aporte de la juventud cuando se integra a una narrativa superior. La experiencia guía cuando no está aislada.
El desafío es ajustarlo todo.
Se debe construir un ejército masivo. "Orden Narrativo Estratégico", No para silenciar a los líderes, sino para llevar el mensaje. Los oradores deben saber a qué responder, cuándo responder, cómo responder y, sobre todo, cuándo no responder. En política, el silencio también puede ser una herramienta de poder cuando evita trampas de comunicación.
No todas las provocaciones merecen una respuesta. No todos los ataques merecen una respuesta. No todas las tendencias en las redes sociales califican como línea política. Un partido que quiera gobernar debe aprender a distinguir entre ruido y peligro real, entre crítica legítima y campaña engañosa, entre debate nacional y entretenimiento político.
De esta manera, el ejército de masas debería hablar al país no con ansiedad, sino con paz. Debes proyectar seguridad, no desesperación. Debe evitar que la lucha por el poder parezca una organización impaciente. El electorado dominicano no sólo quiere oposición; quiere alternativa. Simplemente no quiere quejas; Quiere una solución. No sólo quiere criticar al gobierno; Quiere un camino claro hacia el futuro.
Por tanto, el mensaje de la ciudad debe centrarse en tres conceptos centrales: primero, El país necesita una nueva dirección; segundo, Que este nuevo rumbo requiere experiencia y visión; Y tercero, Que la fuerza de masas es la estructura política con mayor poder de articulación.
Si este mensaje se comunica con disciplina, la fuerza de masas puede convertir su crecimiento territorial en una mayoría política. Pero si cada portavoz habla por impulso personal, si cada líder formula su propia línea, si cada personalidad responde apasionadamente a las provocaciones de un oponente, el partido corre el riesgo de dar a sus oponentes lo que no pudo soportar en las calles: la narrativa
La lucha en 2028 no será sólo electoral. También será simbólico, emocional y comunicativo. Se debatirá en los barrios, en los medios de comunicación, en las redes, en las conversaciones familiares, en los colmados, en las universidades, en los sindicatos, entre las diásporas y en las percepciones cotidianas de la gente.
Las fuerzas de masas parecen haber hecho grandes progresos en la conquista de territorio. Ahora tiene que conquistar la narrativa nacional con mayor sutileza.
Porque no basta con ser políticamente correcto. Hay que saber comunicarlo. No basta con tener gente. Hay que saber ejecutarlo. Tener un líder no es suficiente. Tienes que proteger tu narrativa. Y no basta con querer volver al poder. Debemos demostrar cada día que estamos dispuestos a gobernar con la cabeza fría, la visión clara y las palabras calculadas.
Mass Army tiene una oportunidad histórica. Pero la oportunidad histórica no se rige por la improvisación. Les mueve la estrategia, la disciplina y la comunicación inteligente.
Este será su gran desafío camino al 2028.
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