Juegos Centroamericanos

República Dominicana vuelve a vibrar con el poder deportivo regional. La celebración de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe en Santo Domingo no es sólo una fiesta deportiva; Un recordatorio de lo lejos que hemos llegado desde aquel año histórico de 1974, cuando entre lágrimas celebramos la medalla de oro ganada por el levantador de pesas Amaury Cordero.
Esa medalla de oro fue una enorme victoria moral que unió a la nación y demostró que podemos organizar eventos a gran escala. Hoy nuestras proyecciones son mucho más alentadoras, aspirando a un medallero que refleje el trabajo continuo de nuestros deportistas y la inversión en el desarrollo deportivo de los últimos años.
Para comprender la magnitud del momento actual hay que remontarse a los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe. Aquel evento supuso el verdadero inicio del deporte competitivo internacional en nuestro país bajo el principio de "La Promesa de Todos". Fue bajo el gobierno de Joaquín Balaguer y gracias al impulso visionario de Juan Ulíces García Saleta que el país dio un salto cualitativo, inaugurando el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte y dotando por primera vez a la nación de modernas instalaciones.
Doce partidos fue un bautismo de fuego. Participé como agregado de la delegación de Antillas Holandesas. Recuerdo, como muchos que vivieron aquellos días, la emoción de ver la torre de iluminación del estadio justo un día antes de la inauguración. Fue un esfuerzo titánico en el que el país, con mucho entusiasmo pero poca infraestructura previa, se lanzó al ámbito internacional.
El juego dominicano ha madurado. Ya no nos contentamos con la participación; Competimos por el podio. Si en 1974 éramos aprendices en organización y desempeño, hoy somos una potencia regional cohesionada. Esa semilla plantada hace décadas ha dado resultados tremendos. Cuba ganó 103 medallas de oro en los XII Juegos, el doble que su competidor más cercano, México. Hoy nuestra proyección de medallas es mucho más ambiciosa.
Los XXV Juegos son, en esencia, la culminación de un proceso que comenzó con el "Nacimiento Doloroso" de 1974. Hoy, el himno nacional se tocará con más frecuencia, no sólo como símbolo de hospitalidad, sino como testimonio de nuestra grandeza atlética. Santo Domingo está listo para escribir un nuevo capítulo, honrando el pasado y conquistando el futuro. Apoyemos todos estos juegos.




