sin apetito
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La valoración realizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) parece temeraria, optimista e imaginaria, en el sentido de que el concepto de hambre cero es una realidad en el país.
Es decir, la FAO considera que en República Dominicana no hay hambre y que todos estamos bien alimentados. Sería bueno saber de dónde proviene esta información estadística.
Decenas de dominicanos viven en extrema pobreza, y les resulta difícil y en algunos casos imposible conseguir su alimento diario. El precio de los productos agrícolas aumenta constantemente y en una sociedad con signos de capitalismo quienes tienen riqueza la consumen.
A pesar de la gran frustración entre los dominicanos comunes y corrientes, que son la mayoría, la FAO exige que avancemos hacia el hambre cero. Suena como un estribillo de una propaganda que no se corresponde con la realidad.
Los técnicos de la ONU harían bien en visitar zonas socialmente excluidas para ver si su evaluación está justificada. El hambre gobierna el barrio y la falta de oportunidades cierra el camino hacia una vida próspera.
Los programas sociales del gobierno han aliviado la desgracia de miles de dominicanos, pero no mucho más. La miseria persiste y el hambre suprime.
Estos programas sociales satisfacen las necesidades de miles de dominicanos, pero al mismo tiempo hay otra capa social que está estancada y sufriendo.
La disposición para llegar a los pobres con cobertura de alimentos, facturas de electricidad, efectivo, bonos de gasolina y otros artículos es un paso positivo del presidente Luis Abinadar.
Esto no significa que el duelo esté vencido y mucho menos que el hambre esté ausente. En este momento, con un dejo de especulación y discriminación por edad, millones de dominicanos están siendo arrojados a los brazos de la desnutrición y el hambre.
La FAO tiene experiencia mundial en la lucha contra la pobreza, pero sin duda hace ahora una valoración que puede considerarse halagadora si se tiene en cuenta la situación económica y social real del país.
Todos los sectores nacionales, con los gobiernos al frente, deben sumar fuerzas para mitigar las consecuencias del abandono. Estamos lejos de una situación de hambre cero.
Desarrollemos la agricultura y bajemos el precio de los alimentos y comenzaremos a ver una mejora general en la población. ¿Hambre cero? Un largo camino por recorrer…
Manuel Hernández Villeta.




