Convierte eso para que funcione
La inauguración del túnel de la Plaza de la Bandera supuso mucho más que la entrega de una importante obra de ingeniería. Es una afirmación de una visión de Estado que entiende que la movilidad urbana no puede ser un obstáculo para el desarrollo económico, la productividad y la calidad de vida de los dominicanos.
Durante décadas, la intersección de las avenidas Luperón y 27 de Febrero ha simbolizado el mayor cuello de botella de tránsito de la capital. Miles de horas desperdiciadas, desperdicio de combustible y un costo económico difícil de cuantificar costaron un problema que las sucesivas administraciones reconocieron, pero ninguna afrontó una solución integral.
Hoy el panorama comienza a cambiar. El nuevo túnel, complementado con pasos elevados en las avenidas Isabel Aguirre y 27 de Febrero, así como obras de drenaje en toda la zona de Luperón, constituyen un sistema de infraestructura que ataca simultáneamente dos problemas históricos: la congestión vehicular y las inundaciones que paralizan la zona cada temporada de lluvias.
Aún más importante es que esta intervención no representa un incidente aislado. Es parte de una estrategia nacional de movilidad que incluye la ampliación de la Avenida República de Colombia, demandada por la ciudadanía desde hace años; Interconexiones viales Este-Oeste y Oeste-Este en Los Praditos; Ampliación del Metro de Santo Domingo hasta Los Alcárizos; Monorriel de Santiago; el futuro Monorriel de Santo Domingo; Ampliación del sistema de teleféricos y construcción y rehabilitación de cientos de kilómetros de autopistas, autovías y caminos vecinales en todo el territorio nacional.
Es legítimo que toda obra pública esté sujeta a debate y evaluación. Pero también hay que reconocer la realidad. La escala de inversión en infraestructura y transporte demuestra una política pública dirigida a enfrentar uno de los principales desafíos del país: una red vial que ha superado su capacidad vial y vial durante años de crecimiento de la flota de vehículos.
Ninguna ciudad moderna está completamente libre de congestión del tráfico. Lo que distingue a las administraciones es su anticipación a los problemas y su voluntad de implementar soluciones a largo plazo. En esa dirección apuntan estas obras, concebidas no para resolver una situación, sino para transformar paulatinamente la dinámica urbana.
El túnel de la Plaza de la Bandera, por tanto, es mucho más que hormigón y acero, es un ejemplo real de obra transformadora.
Es la expresión de una inversión sostenible en infraestructura que fortalece la competitividad nacional y envía un mensaje claro: el desarrollo requiere planificación, continuidad y la decisión de abordar sin demora problemas que han estado estancados durante mucho tiempo.




