FP-PLD: Mayor comprensión (me gusta) | ACN
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La noche nunca es más oscura que el amanecer, dice una vieja frase señalada por el profesor Juan Bosch, que, tomada en el actual terreno político, el Partido de la Liberación Dominicana y la Fuerza del Pueblo, dos organizaciones que llevan meses en legítima competencia, pueden explicar el momento que convirtió una posible desconfianza en una falsa amenaza. apuntar
La reciente declaración del secretario general del PLD, Johnny Pujols, al sugerir que esta organización y la Fuerza del Pueblo deben apoyarse mutuamente en la segunda vuelta definitiva de las elecciones, marca el inicio de un giro político que no debe pasar desapercibido, porque pone sobre la mesa una lógica estratégica que hemos advertido como necesaria: competir en primera vuelta para poder pasar a segunda vuelta sin salir perjudicado.
Este enfoque no elimina las diferencias, no borra el pasado reciente, ni resuelve por decreto la tensión entre morados y verdes, pero sí abre una puerta para pasar de un juego de complementos a una lógica de cooperación, donde las dos fuerzas pueden disputarse liderazgos, electorados y posiciones, sin cerrar el camino que puedan necesitar para enfrentarse mañana a un partido electoralmente dominante.

Conflicto con la racionalidad estratégica
El problema nunca fue que el FP y el PLD compitan, porque la competencia es una parte natural de la democracia, sino que esta competencia se convierte en una guerra permanente, donde cada movimiento del otro se interpreta como una amenaza existencial, cada adhesión como una provocación y cada encuesta como una razón para profundizar una rivalidad que, mal gestionada, resulta ser a favor de Ru.
Por eso es tan válida la advertencia atribuida al ex presidente colombiano Ernesto Samper, citando el consejo del ex presidente ecuatoriano Rodrigo Borja: no crear heridas en la primera vuelta que no sean capaces de sanar en la segunda vuelta, porque entonces la segunda vuelta se convierte en una tragedia. Esta frase, aplicada a la situación dominicana, resume con precisión el desafío estratégico de las dos principales potencias enfrentadas.
La Fuerza del Pueblo y el PLD parten de la misma matriz política, comparten electorado, cargan con la memoria de gobierno, liderazgos cruzados, heridas abiertas y una disputa simbólica por representar un espacio político dividido, pero no se suicidan electoralmente por falta de inteligencia estratégica. En ese punto, la diferencia entre competir y destruirse unos a otros podría decidir gran parte del camino hacia 2028.
Cooperación y sumas requeridas
Coopetición, un concepto tomado del mundo empresarial, pero perfectamente aplicable a la política, significa competir y cooperar al mismo tiempo. Esto no implica unidad artificial, síntesis orgánica o renuncia a la propia identidad, sino la capacidad de comprender que, en determinadas circunstancias, dos actores pueden disputarse el mismo espacio sin destruir los puentes que luego pueden unir en torno a un propósito común.
En el caso del FP-PLD, este argumento es aún más relevante, porque ambas organizaciones aspiran a liderar la oposición, pero nadie puede ignorar que el principal oponente, desde la lógica de la lucha por el poder, no está entre las fuerzas que comparten parte de su base electoral, sino el partido que gobierna, administra los recursos públicos, controla la institución y actúa como continuación del proyecto. 2028.
Así que la declaración de Pujol no debe leerse como una pequeña insinuación, sino como una señal que puede ayudar a ordenar prioridades: atacar al Gobierno, fiscalizar su gestión, denunciar su incumplimiento, explicar el malestar social y evitar que la oposición degenere en conflictos internos que dejen a los sectores afectados por la crisis educativa, la pérdida de servicios públicos y pérdidas. Confianza sin liderazgo político.
Por lo tanto, la transición de un juego de suma cero a una cooperación en la que todos ganan depende no sólo de una declaración, sino de un comportamiento sostenido.
FP y PLD pueden competir fuertemente, defender su liderazgo, disputar votantes y presentar sus propuestas, pero deben hacerlo sin convertir la primera vuelta en un campo minado que imposibilite cualquier entendimiento posterior, porque la política no se mide sólo por la gravedad del golpe, sino por la claridad con la que se identifica a los principales adversarios.
JPM
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