La oposición ve los elementos de un nuevo rebrote en Cuba ACN
La homóloga cubana, Marthadela Tamayo, admitió que desde el 11 de junio no se habían visto protestas similares, "en el sentido de que fueran generalizadas", pero señaló que "las protestas, las Cazuelas golpean tanto de día como de noche", lo que asegura que la isla puede sentir otro 11 de junio, ya que somos "el viento de la resistencia".
"Es como si vivieras el 11J todos los días, con la diferencia, por supuesto, de que todos conocemos la enormidad. Pero yo lo creo, porque la situación actual conduce a ello", insiste.
El opositor Manuel Cuesta Morúa coincide con Tamayo, quien insiste en que "la profundidad estructural de las privaciones y la desigualdad puede crear un incidente como el 11J" que acabó con más de 1.400 presos, según organizaciones de derechos humanos.
Para Cuesta Morúa, las protestas sentidas en la isla cinco años después del 11J son "una reconstrucción de un nuevo tipo de relación entre la sociedad cubana y el Estado: la ruptura del contrato histórico entre el pueblo revolucionario y el gobierno, el divorcio de los ciudadanos de las instituciones del Estado, la explosión de demandas en su contra y la normalización de la protesta".
Deja de protestar
Ambos opositores coincidieron en que, si bien se reportaron más protestas, rápidamente se disiparon y no alcanzaron mayor trascendencia debido, en palabras de Tamayo, a "advertencias a la ciudadanía para que no las llevaran a cabo". Actualmente existe "una represión extremadamente severa por parte del gobierno ante las protestas ciudadanas", añadió Cuesta Morúa.
En este sentido, Marthadela Tamayo habló de "restricciones y restricciones a la circulación de activistas de derechos humanos", así como de restricciones de circulación o controles migratorios "para gestionar las actividades articuladas de los ciudadanos" en la isla.
Por su parte, la ONG Defensores de Prisioneros (PD) señaló en un informe sobre el significado de las protestas sociales del 11J que en los últimos años "las autoridades han perfeccionado herramientas para identificar, monitorear y castigar la disidencia".
Estos, añadió, son "la vigilancia digital, la represión de agencias independientes, el uso de oscuros personajes criminales y despliegues represivos coordinados que nos permiten responder más rápida y eficazmente a cualquier expresión de protesta o crítica pública".

"En vísperas del quinto aniversario de las protestas masivas del 11 de julio en Cuba, condenamos las severas condiciones represivas en el país y especialmente la crueldad contra los presos políticos: los están matando lentamente", subrayó el OCDH.
Manuel Cuesta Mora denunció que fue torturado

En una situación similar se encuentra Manuel Cuesta Morúa, quien recientemente fue detenido y, según el Consejo para la Transición Democrática en Cuba (CTDC), sufrió "maltratos físicos y amenazas". Según él, el gobierno cubano "endureció su respuesta encarcelando a algunos de los manifestantes e imponiendo sanciones estrictas como señal de su determinación de aumentar el visible descontento de los ciudadanos".
"Tiene un efecto disuasorio", señaló, y agregó otros dos factores que impiden una mayor expresión de protesta en la isla: "la notoria ausencia de espacio público" y "el diseño específico (por parte del gobierno) de cortar cualquier conexión entre el liderazgo cívico y los ciudadanos".
Cuesta Morúa señaló que el 11J había conseguido "de alguna manera", aunque "sin lograr la satisfacción" de las demandas ciudadanas, que los cubanos se hubieran "empoderado" y que la narrativa del Gobierno hubiera sido "destruida". "Gobierna -no gobierna- con poca validez", afirma.




