Jean Alain pidió al país que inicie una "conversación seria sobre los límites del poder".
El exfiscal General de la República, Jean Alain Rodríguez, destacó la necesidad de abrir una conversación seria en el país sobre los límites del poder durante el desarrollo de las investigaciones y la justicia penal, con el objetivo de respetar las garantías procesales.
La opinión de Rodríguez se refleja en un artículo titulado "Cuando la Justicia deja de perseguir delitos y comienza a perseguir personas", en el que menciona, entre otras cosas, su experiencia como Fiscal General de la República y como imputado en los tribunales.
"Por eso hoy estoy convencido de que República Dominicana debe abrir una conversación seria sobre los límites del poder durante una investigación y juicio penal, porque ningún ciudadano debe asumir que estas garantías sólo son importantes cuando afectan a otros", afirmó.
"No escribo estas líneas para reclamar privilegios o pedir un trato diferente. Escribo porque estoy convencido de que las mismas garantías que hoy protegen a un ciudadano pueden proteger a cualquier otro mañana, incluido el lector que hoy dedica unos minutos a leer estas líneas", añadió Rodríguez.
Declaró que mientras se desempeñaba como abogado recibió innumerables recomendaciones de fiscales, abogados, asesores y representantes de la sociedad civil, muchas de las cuales fueron valiosas que lo ayudaron a fortalecer las instituciones y las investigaciones.
"Otros, sin embargo, me han hecho darme cuenta de lo fácil que puede ser confundir el ejercicio del poder con la tentación de traspasar sus límites. Una de las experiencias más marcadas de mi paso por esa institución fue una oferta de un representante de la sociedad civil que nunca estuve dispuesto a aceptar: utilizar un proceso penal para torturar a niños, esposas, hermanos y otros familiares, incluidos yernos, e incluso a su entorno. Nuestro actual gran productor de electricidad, Punta Catalina, está sujeto a una importante investigación internacional. Tratando de transformarlo en un proceso para la presión política local", dijo.
Dijo que, por supuesto, se negó, porque era una decisión políticamente conveniente; Siempre estuvo convencido de que la responsabilidad penal recaía en el individuo y que nadie debía ser destruido para construirlo.
"Esta decisión tuvo consecuencias personales que no imaginaba, pero me dejó algo más importante: la tranquilidad de actuar según mi conciencia, de tratar de proteger las garantías que corresponden a esos ciudadanos", enfatizó.
"Nunca pensé que año tras año tendría que exigir respetar esos mismos límites. Con los años me he dado cuenta de que esta decisión no sólo define la forma en que ejerzo el poder, sino que también definirá la forma en que algún día exigiré ejercer el mismo poder antes que yo", declaró Rodríguez.
Sostuvo que las garantías procesales no estaban diseñadas para proteger a los culpables, sino para impedir que los vastos poderes del Estado operaran sin límites.




