Geoeconomía: cuando la economía vuelva a convertirse en energía
En mayo del año pasado publiqué un artículo en esta revista titulado El comercio exterior como herramienta de poder, en el que mencioné que Alberto HirschmanEn su obra National Power and the Structure of Foreign Trade (1945), argumentó que el comercio internacional no era un fenómeno políticamente neutral, sino más bien una herramienta que podía usarse (y de hecho se usó) como instrumento de poder nacional, especialmente por países con mayor influencia económica. Hoy en día, Hirschman es reconocido como un pionero de la geoeconomía, una disciplina que estudia cómo los estados utilizan los medios económicos (comercio, inversión extranjera, sanciones y recursos estratégicos) para lograr poder, influencia o objetivos de seguridad nacional.
La creciente importancia de la geoeconomía lleva a esto Fondo Monetario Internacional (FMI) La edición de junio de la revista Finanzas y Desarrollo (F&D) está dedicada a este tema y explica cómo la economía y la seguridad nacional se están integrando en la política internacional. Su mensaje central es claro: estamos entrando en una nueva era en la que el comercio, las finanzas, la tecnología y los recursos estratégicos se utilizan cada vez más como instrumentos de poder geopolítico.
Durante las últimas tres décadas, la presunción de que la globalización aumentaría la integración económica y reduciría los conflictos de interdependencia ha comenzado a perder validez. El FMI sostiene que los Estados han vuelto a utilizar instrumentos económicos para alcanzar objetivos estratégicos y de seguridad nacional. En consecuencia, las políticas comerciales, industriales, tecnológicas y financieras ya no pueden analizarse al margen de la geopolítica.
En la presentación del periódico, su director editorial. Geeta BhattDijo: "El fin de la Guerra Fría marcó el comienzo de una era más pacífica de relaciones internacionales, basada en normas compartidas que permitirían el beneficio mutuo. Hoy, esa visión está amenazada a medida que los gobiernos recurren cada vez más a aranceles, embargos y controles de exportación para proteger sus intereses de seguridad nacional. Agrega que es cada vez más difícil separar la política económica de la política de seguridad, configurando así una nueva era geoeconómica.
En otras palabras, la economía se ha convertido simplemente en una herramienta para generar crecimiento y en un mecanismo de poder nacional. La capacidad de un país para restringir las exportaciones, bloquear la tecnología, imponer sanciones financieras o controlar minerales estratégicos puede ser tan decisiva como su poder militar. Explique la prohibición contra esto. RusiaSanciones estadounidenses a semiconductores avanzados destinados a China, restricciones impuestas por China a exportaciones de minerales clave y mayor competencia global por el litio, las tierras raras y otros insumos estratégicos.
Entre los trabajos publicados en la revista, El retorno de la geoeconomía es una lectura interesante. Josh Lipsky y los costes de la coerción geoeconómica, escribe Jeffrey Frieden.
En términos generales, los trabajos publicados en Finanzas y Desarrollo concluyen que la globalización no ha desaparecido, sino que está cambiando de naturaleza. Hemos pasado de una globalización basada exclusivamente en la eficiencia económica a una condicionada por criterios estratégicos. Si antes la pregunta era dónde era más barato producirlo, ahora también es importante dónde es seguro hacerlo.
Pandemias, la guerra en Ucrania, tensiones entre EE.UU. y China y conflictos recientes Estados Unidos, Israel e Irán Destacando la fragilidad de las cadenas de suministro globales. Por ello, muchos países están revisando sus dependencias estratégicas, especialmente en sectores como semiconductores, inteligencia artificial, telecomunicaciones, energía, minerales críticos, infraestructura digital e industrias de defensa.
La principal conclusión es que la eficiencia ya no es el único criterio relevante. La seguridad se ha convertido en un objetivo igualmente prioritario. Esto implica mayores costos de producción, duplicación de capacidad industrial, construcción de inventarios estratégicos y diversificación de proveedores. En definitiva, un nuevo escenario económico con elevados costes estructurales.
La lección para países pequeños como República Dominicana es clara: simplemente no podemos observar estos cambios. Debemos identificar nuestros activos estratégicos –ubicación geográfica, puertos, zonas francas, estabilidad institucional, recursos minerales, vínculos logísticos y capital humano– y transformarlos en ventajas competitivas que nos permitan insertarnos inteligentemente en la nueva cadena de valor global.
En la nueva era geoeconómica, diversificar los mercados y fortalecer la capacidad productiva no es una opción: es un imperativo estratégico.
Juan Temístocles Montás




