marketing politico

Esfuerzos externos no vinculantes. Así, hay candidatos que sin duda son resultado del marketing político, por lo que simplemente se aprovechan del comportamiento volátil y permeable del estatus de un grupo a merced de miedos y anhelos que definen sus decisiones y anhelos, con fines de consumo masivo.
Sin embargo, esta prueba invertebrada inevitablemente falla cuando pasa por el filtro y la aprobación de una estructura organizada como un partido político, porque, en general, carece de los elementos materiales y estructurales, conceptuales, que exigen la verificación institucional de esta organización.
Separados de los procesos que regulan la dinámica partidaria y los procesos internos, y los candidatos a cargos extranjeros, presidenciales u otros cargos públicos, si no tienen en cuenta estas cuestiones, a menudo chocan con una realidad que el éxito relativo de la publicidad engañosa les impide ver. Este es un ejemplo inequívoco del efecto boomerang del marketing político, es decir, de cómo puede volverse contra candidatos que socavan la disciplina y las demandas partidistas.
Hay señales claras de los últimos acontecimientos que confirman la inutilidad de este comportamiento, a lo que se suma el carácter sacrosanto del respeto a un fuero interno que es prueba de presiones y manipulaciones. El PRM, por el momento, ha definido procedimientos cerrados para todo tipo de elecciones, que no permiten injerencias. Las burbujas creadas por el marketing político se desinflan fácilmente.
A la observación anterior hay que añadir, si se quiere, la correcta observación política de Wellington Arnaud sobre la necesidad de aceptar un compromiso, sin el cual es imposible ganarse la simpatía y la aprobación de un partido. "Nadie viene sin una promesa", señaló y luego desmintió el mito de que un candidato en particular no necesita al partido y el partido lo necesita a él. Pasos en falso que anulan la experiencia política.




