IA y justicia

La Inteligencia Artificial (IA) ha llegado. Y lo hizo para quedarse. ¿Será bueno o malo para la gente? Todo depende de cómo lo controlemos y utilicemos.
Es el resultado de cambios científicos y tecnológicos inevitables. La IA afecta a la política, la economía, la cultura, la educación, la salud, la justicia y, en definitiva, a todos los ámbitos de la vida individual y social.
Es un desafío para todo. No representa una amenaza real. Los humanos siempre podemos gestionarlo de la manera correcta. Esto es lo que creemos.
Para la administración de justicia, la IA ofrece oportunidades. Contribuye a la eficiencia, eficacia, transparencia y acceso a la justicia. Siempre debes garantizar que está bajo control humano y respeta los derechos fundamentales.
Sabemos que la IA puede analizar enormes cantidades de datos en segundos sobre tribunales constitucionales y precedentes de jurisprudencia. Además, facilita la realización de procedimientos judiciales. Todo en un tiempo récord.
Esto reducirá la demora judicial, que es un problema importante que afecta al sistema de justicia.
La IA también puede facilitar el acceso a información jurídica por parte de ciudadanos que no son expertos en ciencias jurídicas. Podrán orientarse sobre trámites, requisitos y derechos. Esto sería muy útil para el asesoramiento profesional, si no quiere o no quiere pagar por el asesoramiento. Avanzaremos hacia la democratización de la justicia.
Sabemos que los algoritmos pueden reproducir sesgos, errores e imprecisiones. Todo depende del dato o fuente en la que se base.
Además, es necesario superar la opacidad de algunos sistemas de IA, en términos de motivación y discrecionalidad del juez o jueces. Comprenderá la percepción y valoración de las pruebas aportadas, el expediente completo y la interpretación de los estándares aplicados para fundamentar la decisión. La IA no puede reemplazar a los jueces.
Para que haya justicia, los operadores del sistema judicial necesitan dimensiones humanas como la prudencia, la sensibilidad, la responsabilidad moral, el compromiso, etc. La IA no puede proporcionar esto.
Debemos utilizar la IA como herramienta de apoyo, no como sustituto de la conciencia jurídica. Su uso debe regirse por reglas claras que garanticen la transparencia, la supervisión humana, la protección de datos y la rendición de cuentas.
Todos debemos estar de acuerdo en que la administración de justicia en el siglo XXI no puede ignorar los avances tecnológicos, sin abandonar valores como la dignidad humana y la igualdad de todos ante la ley.
Y la tutela judicial efectiva de los derechos debe ser integral. Este es el equilibrio que debe dictar el futuro de la justicia y la IA.




