Mapa de fragmentación del poder del tronco blanco.
Hoy, cuando el Partido Revolucionario Moderno (PRM) gobierna el país, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) intenta reorganizarse tras perder el poder, y la Fuerza del Pueblo (FP) se consolida como una de las principales fuerzas opositoras, pocos consideran que los tres partidos fundaron como origen el antiguo Partido Revolucionario Dominicano (PRD) el 19 de enero del 13-9. Bosco
Con la caída de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo y el retorno de la democracia, el PRD se convirtió en una maquinaria política de masas de la que surgió el liderazgo que caracterizaría a toda una generación.
Pero también estallaron conflictos internos, luchas entre facciones y batallas por el control del partido, que fragmentaron el partido histórico.
La primera gran ruptura se produjo el 15 de noviembre de 1973 cuando el expresidente Juan Bosch, desilusionado con la dirección del PRD y enfrentado a sectores que consideraba alejados de la formación doctrinal y la moral política, lo abandonó el 15 de diciembre de 1973 para formar el PLD.
Bosch se dio cuenta de que el PRD se había convertido en una estructura demasiado selectiva y poco disciplinada. Su salida no fue meramente administrativa, sino filosófica. Dejó atrás el Gana Dal para construir una organización de cuadros políticos con una visión del poder cerrada, disciplinada y estratégica.
División en el PLD
Durante años, el PLD fue visto como un aparato intelectual minoritario, hasta convertirse en el partido más poderoso de la historia reciente dominicana.
De esa organización surgió otra de las grandes figuras políticas del país: Lionel Fernández, bajo cuyo liderazgo el partido consolidó una estructura electoral y gubernamental que dominó gran parte del siglo XXI.
Sin embargo, las tensiones internas y las heridas abiertas tras las primarias de 2019 provocaron otra fractura decisiva. El 17 de octubre de ese año Lionel Fernández renunció al PLD y fundó la Fuerza del Pueblo. Dejó atrás a líderes históricos, legisladores, alcaldes y miles de militantes que se dieron cuenta de que la dirección leonelista había terminado su lugar dentro del PLD.
Así, el partido creado por Bosch también quedó dividido en la lucha por el liderazgo y la supervivencia política.
Nace un nuevo partido
Pero la división del viejo PRD no se limitó al nacimiento del PLD, ya que décadas después, el partido blanco enfrentó una vez más una devastadora guerra interna. Los enfrentamientos entre las corrientes de Hipólito Mejía y Miguel Vargas Maldonado derivaron en expulsiones, renuncias y enfrentamientos públicos que desangraron a la organización.
El derrocamiento de los presidentes del PRD, Hipólito Mejía y Andrés Bautista, provocó un éxodo masivo de líderes y militantes, lo que llevó al surgimiento del PRM el 9 de septiembre de 2014, un sector del PRD descontento y un partido naciente encabezado por Luis Abinaira (el jefe del Partido de Olinas, Luis Abinadar).
El nacimiento del PRM volvió a cambiar el mapa político dominicano. El viejo partido blanco, que durante décadas fue sinónimo de oposición popular y esperanza democrática, ha quedado reducido a una estructura muy débil, mientras su dinastía política ha ocupado el centro del poder nacional.
Ante esto, la política dominicana se construyó sobre una división del mismo origen. El PRD dio origen al PLD, que a su vez dio origen al Ejército Popular, y la crisis interna del PRD produjo el PRM. Cuatro organizaciones diferentes, pero unidas por un linaje común de liderazgo, separación y ambición.
Otros hijos del PRD
Aunque el Partido Revolucionario Independiente (PRI) no alcanzó el estatus de partido mayoritario, es otro hijo del PRD.
Después de convertirse en candidato presidencial del PRD en las elecciones de 1986, Majluta se vio envuelto en un poderoso conflicto político con el líder histórico de la organización, José Francisco Peña Gómez, que dividió a sectores clave de la militancia.
El conflicto refleja no sólo diferencias personales entre los dos líderes, sino también diferentes visiones de control y futuro del partido blanco. Peña Gómez mantuvo un liderazgo carismático y de profundo arraigo popular, mientras Majluta intentaba integrar su propio proyecto a la organización.
En medio de la lucha por el control partidario y divisiones cada vez más marcadas, Peña Gómez decidió formar una corriente ideológica propia que le permitió conservar su liderazgo político, mientras los sectores liderados por Majluta y otros dirigentes consolidaban el control de gran parte de la estructura del PRD.
La salida de Jacobo Majluta de la organización en 1990 fue uno de los episodios más dramáticos en la historia del PRD.
El Bloque Institucional Socialista (BIS) nació como un movimiento de apoyo a Peña Gómez dentro del PRD, coordinado por Rafael Subervi Bonilla.
Las tensiones alcanzaron un nivel irreversible y la escisión se hizo inevitable, con Majluta abandonando definitivamente el PRD para iniciar una nueva etapa en su carrera política.
El 26 de enero de 1990, Jacobo fundó el PRI, partido con el que buscó construir una alternativa electoral basada en el liderazgo que aún ostentaba sobre los desilusionados PRD y sectores reformistas.
Bajo la bandera de ese nuevo partido participó como candidato presidencial en las elecciones de 1990, tratando de posicionarse como figura de equilibrio en un escenario político dominado por el reformismo de Joaquín Balaguer y el ascenso del PLD de Juan Bosch.
Aunque el PRI nunca alcanzó los niveles electorales del PRD, la salida de Majluta dejó una huella significativa en la política dominicana y se esperaba que repitiera el patrón de división del partido en otras organizaciones años después.
El BIS, por su parte, fue reconocido por la Junta Central Electoral como partido el 12 de enero de 1990, ya en manos del hijo de Peña Gómez, José Franck Peña Guaba.
A lo largo de los años ha mantenido estrechos vínculos políticos y electorales con el PRD, actuando a menudo como un aliado estratégico de iniciativas promovidas por Peña Gómez y el PRDismo tradicional. Hoy es un leal aliado del Ejército Popular.
La historia demuestra que, en República Dominicana, los partidos no desaparecen del todo, se transforman, se disuelven y renacen con otros colores y otros nombres, aunque muchas veces con el mismo héroe.




