Cuba y Venezuela

Equilibrando su intervención militar en la Guerra de Independencia de Cuba en 1898, Estados Unidos no logró apoderarse de la isla por la que había ofrecido a España 300 millones de dólares. Pero no se quedó con las manos vacías, ya que el Imperio Ibérico tuvo que cederle las colonias de Puerto Rico, Filipinas y Guam. Para entonces, y aún durante la Guerra Fría, la nación caribeña, ubicada a 90 millas de Florida, era de tremendo valor estratégico y militar para las potencias norteamericanas.
A menos que China o Rusia estén contemplando la posibilidad de instalar una planta nuclear en la isla, hoy no podemos ver el riesgo que un sistema irremediablemente socialista podría representar para la seguridad estadounidense. Al carecer de oro, petróleo y tierras raras, entre otros recursos, es difícil entender el dominio económico al que el presidente Donald Trump ha sometido a la isla, no sólo para disolver el sistema, sino para operarlo al estilo venezolano. Es posible que el presidente estadounidense pierda de vista las diferencias políticas, sociales y económicas entre los dos países.
Porque hubiera sido fácil para Estados Unidos intervenir militarmente en Venezuela sólo para arrestar al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Celia Flores para juzgarlos por cargos de narcotráfico. La estructura de poder no sólo está intacta, encabezada por la vicepresidenta Delsea Rodríguez, sino que se maneja a instancias de Trump. Fue publicado por motivos políticos. No se menciona la convocatoria de elecciones ni el procesamiento de funcionarios civiles y militares que violen los derechos humanos. Por supuesto, el gobierno tuvo que abandonar la explotación y el comercio de los ricos depósitos de petróleo, oro y otros recursos naturales de Washington para mantenerse en el poder.
Además del embargo sobre las ventas de petróleo, las amenazas de desplegar el portaaviones USS Abraham Lincoln a 100 millas de la costa cubana, una orden de arresto contra el icónico comandante Raúl Castro y el estrangulamiento económico con la infiltración de agentes de la CIA, Estados Unidos fue incapaz de montar una ofensiva militar contra los cubanos y reprimirlos. La revolución de 1959 en la isla que derrocó al dictador Fulgencio Batista fue un rotundo fracaso, como lo demuestra la miseria y el atraso que hoy aqueja a la población antillana. Pero la alternativa que busca Estados Unidos para liberar a los cubanos del yugo se evidencia como un fracaso más. No fue hasta 1898 cuando se libró la guerra de independencia contra España, pero tampoco Cuba y Venezuela. Según su experiencia, Washington debe darse cuenta de que las segundas partes nunca son las mismas.




