ENTRETENIMIENTO

El desafío del multilateralismo: los acuerdos comerciales de Estados Unidos y su impacto en América Latina

América Latina 21

Por Marcelo Halperín

El 13 de noviembre de 2025, la Casa Blanca anunció, mediante la emisión de cuatro comunicados, la conclusión exitosa de las negociaciones comerciales bilaterales con Argentina, Ecuador, El Salvador y Guatemala. Los respectivos acuerdos de "comercio recíproco" finalmente se firmaron en el primer trimestre de este año. Más allá de los detalles de la lista de exenciones, se han reiterado muchas cláusulas de política comercial y económica. Se trata de textos que inicialmente tuvieron poca circulación, ya que sólo circularon versiones oficiales en inglés, quizás esperando en cada caso una oportunidad favorable para dar a conocer su tratamiento jurídico.

Estos acuerdos deben leerse a la luz del convulso contexto de las relaciones internacionales, caracterizado por el rechazo de los Estados Unidos a los mandatos multilaterales, la consecuente imposición de recargos arancelarios y ofertas exorbitantes para eximir de dichos recargos a los países dispuestos a concluir acuerdos consistentes con las tendencias norteamericanas.

En este sentido, lo más significativo de estos compromisos no reside en el intercambio de preferencias comerciales, sino en las obligaciones específicas que contraerán estos cuatro países de la región y que reflejan algunos de los objetivos estratégicos de Estados Unidos. El gobierno de Joe Biden centró sus relaciones bilaterales con América Latina en crear condiciones favorables para que corporaciones confiables puedan acceder a la explotación de importantes minerales para tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), desarrollando cadenas de suministro desde economías de enclave. Por otro lado, el gobierno de Donald Trump apuesta por la aprobación del mercado latinoamericano de servicios digitales, a través de acuerdos vinculantes.

Imposiciones norteamericanas presentes y futuras

Los compromisos de adhesión asumidos por los mencionados países latinoamericanos incluyen la obligación de sumarse incondicionalmente a la retorsión comercial adoptada por Estados Unidos contra terceros países, el acceso ilimitado (sin excepción) a su mercado interno de servicios -pero con especial énfasis en los servicios digitales-, la aceptación de tecnologías digitales consideradas confiables sólo por Estados Unidos, y la exportación de datos personales, incluida la exportación de datos personales.

Ante esta situación, es válido preguntarse: ¿Cuál es la efectividad de este método? ¿Existe alguna condición para extenderlo indefinidamente? ¿O deberíamos suponer que se agotará pronto?

es una transicion

El orden multilateral se vio desbordado por cambios en el sistema económico internacional, que afectaron al motor de Estados Unidos. Este predominio se vio reforzado por el llamado control de señoreaje de la principal moneda de referencia internacional. Ante el desgaste acumulado (de inversión productiva, deuda pública y déficit comercial), Estados Unidos respondió utilizando todos los recursos disponibles para restaurar su hegemonía.

Sin embargo, la continuación del señoreaje depende de la credibilidad internacional. Por lo tanto, el compromiso internacional quedará obsoleto si se degrada. Ésta es la primera razón por la que Estados Unidos rechaza el sistema económico multilateral pero no corta sus vínculos con él.

Al mismo tiempo, las TIC afectan a todo tipo de actividades productivas y desplazan irreversiblemente a las tecnologías analógicas. Como es bien sabido, esta expansión global está hoy dominada por el conflicto entre Estados Unidos y la República Popular China, dinámica también superada por la intervención decisiva de corporaciones transnacionales cuya lealtad nunca podrá garantizarse.

Es difícil imaginar una fractura geopolítica resultante de una segmentación estable de los mercados basada en anomalías tecnológicas no resueltas. Independientemente de su afinidad con uno u otro polo de poder, las corporaciones han demostrado que no están dispuestas a aceptar la destrucción o fragmentación de mercados en conflicto.

Pero no se trata sólo de compatibilizar sistemas, modelos, lenguajes y dispositivos electrónicos para lograr la interoperabilidad. En los conflictos de los mercados globales, tanto los gigantes tecnológicos (big tech) como los estados se enfrentan a una creciente fragmentación y falta de control en la gestión de los recursos cibernéticos.

Esta situación tiene implicaciones para los bienes públicos en todo el mundo: saturación del espacio ultraterrestre en competencia por frecuencias satelitales y asignaciones orbitales, falta de transparencia y previsibilidad en el despliegue y gestión del cableado de fibra óptica transoceánico y dificultades para que las autoridades internacionales de los fondos marinos protejan los ecosistemas enmascarados por la exploración.

De manera similar, se debe prestar atención a la proliferación del ciberespionaje, las estafas de soborno y los delitos económicos internacionales. Proyectadas hacia el futuro cercano, estas amenazas sugieren que, sin negociaciones multilaterales, el desarrollo de la economía digital y la IA generativa global podrían verse rápidamente comprometidos.

América Latina debería participar

Suponiendo una eventual reestructuración del sistema económico multilateral, sería prudente tomar nota de las prioridades latinoamericanas.

Ampliar los plazos y flexibilizar el cumplimiento de diversas disposiciones multilaterales requiere justificar el trato especial y diferenciado que disfrutan los países en desarrollo. Pero la necesidad de reevaluar los principios básicos que definen el multilateralismo parece aún más urgente.

Para empezar, conviene confirmar la validez del principio de no discriminación en su expresión cuantitativa y cualitativa. En este último aspecto, y utilizando la terminología del acuerdo de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el objetivo sería establecer un trato "neutral, uniforme y razonable". En realidad, la razonabilidad es el criterio que los árbitros del sistema de solución de diferencias (SSD) de la OMC siempre han aplicado al examinar medidas y prácticas sujetas a su jurisdicción.

Apoyo multilateral

Cuatro acuerdos de "comercio recíproco" con Estados Unidos ponen de relieve la ausencia de un apoyo multilateral efectivo. Algunos ejemplos ayudan a explicar esto:

La OMC sólo reconoce formatos de integración de países desarrollados con países en desarrollo si las concesiones negociadas cubren aspectos significativos del comercio entre las partes, es decir, los esquemas están al menos clasificados como acuerdos de "libre comercio" (TLC). En cambio, los acuerdos antes mencionados con Estados Unidos tienen un alcance sectorial y responden a reclamos estadounidenses, limitando la posibilidad de recurrir a reparaciones en caso de deterioro o violación de las concesiones acordadas.

Los ALC especifican disciplinas multilaterales (cumplimiento comercial, salvaguardias, evaluaciones arancelarias, medidas sanitarias y fitosanitarias, reglamentos técnicos) que reducen la posibilidad de incluir disposiciones incompatibles con esas normas. Por otro lado, el acuerdo con Estados Unidos incluye, por ejemplo, la exigencia de eliminar los subsidios que puedan afectar a este país bajo características significativamente más relajadas que las otorgadas multilateralmente.

Los TLC incluyen una “opción de foro” (ausente en el acuerdo con Estados Unidos) que permite arbitrar disputas ante el SSD, permitiendo así la aplicación de reglas multilaterales.

Los países periféricos serían particularmente vulnerables si los criterios interpretativos de razonabilidad utilizados en el arbitraje SSD descalificaran excepciones como la “seguridad nacional” o la “moral pública” de Estados Unidos en cualquier momento, como ocurre sistemáticamente. Estados Unidos también ignora el principio de no discriminación al justificar acciones y prácticas controvertidas por "razones estatales".

Los países periféricos son particularmente vulnerables a las grandes tecnologías. De ahí la importancia de apoyarse en el Acuerdo sobre Obstáculos Técnicos al Comercio de la OMC para acercar sus leyes a las de los países desarrollados y luego aplicarlo al sector TIC. Esto permitirá adoptar un método de evaluación coherente con la normativa aplicable y neutralizar de forma coordinada las prácticas indeseables de las empresas que operan "en la nube". Los tratados con Estados Unidos ignoran estos instrumentos, exponiendo a los residentes latinoamericanos a riesgos imprevistos.

Javier Miley y Donald Trump

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Redacción - ACN

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