Infraestructura agrietada

La República Dominicana parece caminar sobre un puente cuyas columnas comienzan a resquebrajarse.
No es sólo la economía, sino que el deterioro de las instituciones y el deterioro de la confianza de los ciudadanos en el llamado sistema de partidos tradicional están definitivamente en declive.
Karl Marx sostuvo que la superestructura une todas las instituciones y formas de conciencia social. Incluye el estado, la ley, la religión, el arte y la educación.
Sin embargo, esta superestructura no es independiente: está determinada por la base económica o la infraestructura de la sociedad.
Esta superestructura está formada por el derecho, la justicia, la política, la educación y otras instituciones que expresan la ideología dominante y aseguran el funcionamiento del sistema.
Cuando la base económica está desequilibrada, aparecen grietas en las instituciones.
Luego viene la incertidumbre, la falta de respeto y la debilidad de la mano de obra. En República Dominicana abundan señales preocupantes.
Los altos costos de vida, la desigualdad, la inseguridad y la desconfianza alimentan un clima de creciente descontento social.
A esto se suman conflictos políticos persistentes, poca capacidad para alcanzar consensos y una ciudadanía cada vez más alienada de quienes dirigen el Estado.
La crisis no estalla de un día para otro. Crecen lentamente a medida que se acumulan los problemas, ignorados por quienes creen que la estabilidad sólo puede mantenerse con una retórica optimista.
La historia enseña que ninguna sociedad sobrevive cuando la infraestructura y la superestructura se resquebrajan al mismo tiempo. Reparar las grietas antes de que se vuelvan irreparables requiere voluntad política, justicia social y respeto institucional.




