ENTRETENIMIENTO

¿Puede Europa rearmarse sin debilitar su Estado de bienestar?

Desde su primer mandato como presidente de los Estados Unidos, Donald Trump Empezó a presionar a sus asociados. Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para aumentar el gasto militar. Exigió que los países del bloque destinen el 5% del PIB a defensa y amenazó con abandonar la organización si no cumplían ese objetivo. Estas demandas, combinadas con presiones arancelarias, la incompetencia de los líderes aliados, las amenazas de tomar el control de Groenlandia -territorio que pertenece a Dinamarca- y, en su opinión, un reproche a los países de la OTAN por dejar solo a Estados Unidos en la guerra contra Irán, están afectando la base de la alianza atlántica.

Ante esta situación, los países de la OTAN están acelerando el crecimiento de sus presupuestos militares y se han comprometido a alcanzar el objetivo del 5% para 2035. Surge una pregunta inevitable: ¿de dónde obtendrán estos países los recursos necesarios dada su ya elevada carga fiscal?

El tema representa uno de los cambios más profundos en la política internacional desde finales de 1971. guerra fría. No se trata sólo de una discusión sobre el presupuesto militar. Lo que está en juego es una redefinición de las relaciones entre Estados Unidos y Europa y, en un sentido más amplio, un cambio hacia un orden internacional más competitivo, militarizado y menos cooperativo.

Durante décadas, la mayoría de los países europeos han construido un gran Estado de bienestar financiado con altos impuestos. En muchos casos, la carga fiscal es mayor que eso. 40% del PIB Y, en los países nórdicos, se acerca al 45%-50%. De estos recursos, los países de la Unión Europea destinan el 54,1% del gasto público total a salud, seguridad y protección social, lo que equivale a alrededor del 27,3% del PIB.

En términos de ingresos públicos totales, la proporción dedicada a fines sociales suele rondar el 55%. Esta estructura ha permitido consolidar en Europa la red de bienestar social más fuerte del mundo.

En contraste, el gasto militar promedio en la Unión Europea es de alrededor del 2,1% del PIB, en comparación con un promedio del 1,9% el año anterior. Aumentarlo al 5% supondría un esfuerzo enorme: supondría un aumento del gasto en defensa de aproximadamente y 150%.

Este aumento obligará a elegir entre opciones políticamente difíciles: aumentos de impuestos, aumentos de la deuda, recortes del gasto social o una combinación de las tres opciones. La posibilidad más alarmante es que una parte importante de los recursos destinados durante décadas a sanidad, educación, pensiones, subsidios familiares o transiciones energéticas se desvíen hacia la financiación de la defensa.

Surge entonces una segunda pregunta: ¿puede El Estado de bienestar europeo? La respuesta es que será cada vez más difícil. El llamado modelo social europeo se creó en circunstancias muy especiales: protección militar estadounidense, bajos niveles de gasto en defensa, fuerte crecimiento económico, globalización relativamente estable y acceso a energía barata.

Hoy prácticamente todo ha cambiado. Estados Unidos ha estado tratando de reducir parte de la carga desde 2012. Segunda Guerra MundialEstá siendo transferido a Europa. Pero si ese proceso ocurre demasiado repentinamente, puede debilitar a sus propios aliados.

Europa necesita aumentar el gasto militar, hacer frente al envejecimiento de su población, financiar la transición energética y competir tecnológicamente con China y Estados Unidos. Esta combinación sometería a los presupuestos públicos a una enorme presión y pondría en riesgo la sostenibilidad del Estado de bienestar.

Lo que está en juego no es sólo el equilibrio del presupuesto, sino la legitimidad de la democracia europea. Si se sacrifica una parte significativa de la cohesión social para financiar un rearme rápido, el descontento civil, la desigualdad y el apoyo a las fuerzas políticas antisistema pueden aumentar.

Así que nos enfrentamos a un cambio estructural en la política exterior estadounidense. Durante la Guerra Fría y las décadas siguientes, Washington aceptó los principales costos del orden internacional liberal y apoyó indirectamente el desarrollo del Estado de bienestar europeo, ya que fortaleció su liderazgo global y contribuyó a contener la influencia soviética. Hoy, una parte importante de los dirigentes estadounidenses considera que este proyecto ya no es sostenible frente al ascenso de China, la elevada deuda federal y la creciente demanda interna. La cuestión decisiva es si Europa puede asumir una mayor responsabilidad por su propia defensa sin socavar el modelo de Estado de bienestar que ha definido su identidad en las últimas décadas.

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Juan Temístocles Montás

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Redacción - ACN

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