No es tu imaginación: la ciencia explica por qué a los mosquitos les gusta picar a algunas personas
Cada verano se repite la misma escena: algunos disfrutan del aire libre sin molestias, Otros están cubiertos de picaduras.
Durante años esta diferencia se atribuyó al mito del destino o de la “sangre dulce”, pero estudios científicos han demostrado que los mosquitos siguen un sistema de detección más complejo.
Los estudios revelan que estos insectos detectan a sus presas a través del dióxido de carbono que emitimos, perceptible hasta a diez metros de distancia.
Los mosquitos son las criaturas más mortíferas del planeta y transmiten malaria, dengue, Zika, fiebre amarilla, chikungunya y otras enfermedades (Pexel).
Una vez cerca intervienen otros factores como la temperatura corporal, la humedad de la piel y, sobre todo, el olor característico de cada persona.
Ese olor está determinado por el microbioma de la piel: millones de bacterias que convierten el sudor en compuestos químicos irresistibles para los mosquitos.
La diferencia puede ser tan marcada que, en un grupo de cuatro, una persona puede concentrar hasta el 90% de las picaduras. Los científicos han identificado más de 500 compuestos volátiles asociados con el olor corporal, incluidos los ácidos carboxílicos, que resultan especialmente atractivos para determinadas especies.
La genética también juega un papel determinante. Investigadores de la Universidad Rockefeller descubrieron que la variación en la capacidad de atraer mosquitos puede ser hasta cien veces mayor entre individuos, y que estas diferencias permanecen estables con el tiempo, lo que sugiere una fuerte influencia del ADN.
También existen condiciones temporales que aumentan el atractivo: durante el embarazo, las hembras generan más calor corporal y exhalan más dióxido de carbono, lo que duplica la posibilidad de ser picadas. Algo similar ocurre tras una actividad física intensa o en personas de mayor tamaño corporal.




