La superpoblación penitenciaria: un problema antiguo que necesita soluciones efectivas
El hacinamiento carcelario es un viejo mal del que se habla mucho pero que no se enfrenta a una decisión firme de operar las cárceles como centros de rehabilitación.
El hacinamiento, la inseguridad, la corrupción y la falta de gestión son obstáculos para que las prisiones cumplan su misión.
Según el director de la prisión, Roberto Santana, más de 10.000 de los 25.200 reclusos han superado la capacidad del centro.
El problema está representado por el hecho de que alrededor del 60% de la población está compuesta por presos preventivos. Santana es responsable del elevado número de abusos y de la lentitud del proceso judicial.
Dado que hay múltiples factores en juego, una solución eficaz involucra a múltiples sectores.
Los esfuerzos por descongestionar las cárceles y mejorar las condiciones de los presos son inútiles si la policía, los ministerios públicos y los jueces no hacen su parte.
Las personas son enviadas a prisión por cualquier infracción y los jueces suelen legalizar la acción.
No logró dictar una norma para depurar y liberar a quienes permanecían enfermos o encarcelados por no tener recursos para pagar las multas.
Mucho se ha hablado del drama ya que las malas acciones tienden a empeorar con el tiempo.
Sin abordar los factores que llevan a tantas personas a la delincuencia, la construcción de más prisiones no se considera la única solución.




