PRM: Los resultados todavía parecen lejanos (como) | ACN
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Cuando una encuesta otorga a un candidato presidencial una ventaja significativa y, al mismo tiempo, otro actor demuestra la capacidad de atraer multitudes a plazas políticamente simbólicas, el análisis no puede seguir siendo una lectura superficial.
Esto parece estar sucediendo en el Partido Revolucionario Moderno (PRM) con los recientes números de David Collado y una demostración de fuerza encabezada por Carolina Mejía en Santiago.
La medida más reciente de Gallup ubica a Colorado con un amplio margen de preferencia permeista interna, registrando un 61,8% frente al 21,1% atribuido a Carolina Mejía.
Los datos proyectan el mensaje de que David Collado representa actualmente la precandidatura más competitiva del oficialismo, tanto por su posición privilegiada como por su nivel de favorabilidad pública.
La encuesta refuerza las percepciones de liderazgo vinculadas a la gestión, la eficiencia y los resultados, elementos especialmente valiosos en una era en la que los votantes se inclinan más por el perfil de un directivo que por el discurso ideológico tradicional.
Es bien sabido que la política tiene algo de ciencia, algo de percepción y mucho simbolismo, pero las encuestas, aunque relevantes, no son los únicos termómetros políticos.
La República Dominicana tiene una larga tradición de liderazgo regional, estructuras partidistas y capacidades organizativas que cuentan.
Con amplia actividad en La Arena de Santiago, Carolina Mejía parece estar enviando un mensaje claro de que tiene estructura, lealtad, capacidad organizativa y ganas reales de competir.

En política, las imágenes de multitudes también crean narrativas, y mientras una encuesta mide la intención, una manifestación política mide la fuerza organizativa, la disciplina territorial y la capacidad de movilizarse. Estas son variables diferentes, pero ambas son parte de la ecuación energética.
Cometeríamos un error analítico si concluyéramos prematuramente que una encuesta resuelve una contienda o, por el contrario, supusiéramos que una gran actividad política socava el liderazgo estadístico.
Existe la posibilidad de que ambas cosas estén sucediendo simultáneamente, es decir, Colorado fortalece su legitimidad demográfica y Carolina consolida su legitimidad organizacional.
Quizás nos enfrentamos a un conflicto entre dos formas diferentes de legitimidad política, a saber, la legitimidad de las elecciones y la legitimidad de las estructuras.
El primero tiene la cualidad de captar estados de opinión en un momento particular, mientras que el segundo tiene la capacidad de sostener proyectos políticos en el tiempo, movilizar simpatías y crear una presencia regional.
La historia dominicana muestra muchos casos de candidatos que lideraron las primeras encuestas y luego enfrentaron problemas partidistas, así como figuras inicialmente subestimadas que ahorraron energía competitiva para organización y perseverancia.
El verdadero desafío no parece ser quién parece más fuerte hoy, sino cómo gestionará el PRM una sucesión presidencial que inevitablemente comenzó prematuramente.
Si David Collado hoy representa la ventaja numérica, Carolina Mejía apuesta por el principio de comunicación, regionalismo y coordinación de estructuras.
Todos sabemos que la política habla de votos, pero también lo hacen las multitudes y no cuentan casi la misma historia. Los resultados todavía parecen lejanos.
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