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El mayor fracaso ético del PRM (como) | ACN

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Por Edwin Pineda Carrasco

Las mayores parodias políticas de la República Dominicana en los últimos años han sido reformas fallidas o promesas incumplidas. Le estaba vendiendo al país la idea de que el PRM representaba una transformación moral del Estado dominicano.

No era verdad.

El PRM no llegó al poder con una nueva visión ideológica, ni con un proyecto serio de reestructuración institucional, y mucho menos con la intención real de desmantelar viejas prácticas políticas.

Llegó con los mismos objetivos históricos que gran parte de la clase política dominicana persigue desde hace décadas: controlar el Estado, distribuir el poder y enriquecerse desde el aparato público.

Exactamente igual que antes.

La diferencia es que supieron vender mejor el discurso del "cambio".

Cuando el país se cansó de los escándalos del PLD, la decadencia institucional y la corrupción abierta, el PRM surgió como una especie de salvación democrática avanzada.

Muchos dominicanos no votaron por convicción; Votaron por desesperación.

Y PRM entendió perfectamente ese momento.

Prometieron transparencia, independencia del poder judicial y moralidad pública. Pero rápidamente quedó claro que no existía ningún proyecto nacional transformador. Lo que sí existía era una nueva élite política ansiosa por usurpar el espacio de poder que otros habían controlado anteriormente.

El color del partido cambió. El modelo no ha cambiado.

Porque la verdadera tragedia dominicana no es una obra fija. Es un sistema político construido históricamente en torno al clientelismo, el oportunismo y la captura del Estado como negocio privado.

Y PRM no rompió con eso. Está perfectamente ensamblado.

Los casos de dirigentes involucrados en el narcotráfico, el lavado de dinero, la corrupción administrativa y las redes clientelares no son accidentes aislados. Estos son síntomas de una estructura política en la que la ética nunca ha sido una prioridad.

La política dominicana se ha convertido en muchos casos en una inversión económica: se financian campañas millonarias no para servir al país, sino para recuperar muchas veces el dinero del poder.

nombramiento de contrato. Comisión de descuento. afectar

Es el verdadero motor del sistema.

Por eso ningún gobierno hace realmente los cambios necesarios. Porque todos protegen la misma estructura que les permite sobrevivir políticamente.

El problema es que PRM llegó prometiendo ser diferente. Y ahí radica su mayor fracaso moral. No sólo porque repitió prácticas tradicionales, sino porque utilizó la retórica anticorrupción como herramienta electoral mientras sectores internos reproducían exactamente la misma cultura política que decían combatir.

La actual desilusión civil no es sólo resultado de la corrupción. Nacido de la locura.

Del sentimiento de que la política en República Dominicana se ha convertido en una competencia entre grupos que se acusan mutuamente de hacer esencialmente lo mismo cuando llegan al poder.

Y poco a poco erosiona la confianza democrática.

Porque cuando la población deja de creer en los partidos, en la justicia y en las instituciones, comienza a desarrollarse una peligrosa cultura de resignación nacional: "todos roban", "todos son iguales", "no hay solución al problema".

Esta mentalidad es destructiva para cualquier democracia.

Mientras tanto, el país está sumido en problemas estructurales que ningún gobierno aborda seriamente: educación mediocre, salarios inadecuados, dependencia económica, servicios públicos deficientes, corrupción administrativa y una justicia electoral que a menudo sirve a conveniencias políticas.

Pero el marketing político todavía funciona.

Foto. discurso. Campaña digital. Nacionalismo apasionado. conferencia de prensa Las narrativas están cuidadosamente diseñadas para aparecer de manera eficiente mientras el sistema subyacente permanece intacto.

La política dominicana se ha vuelto experta en manejar percepciones, no en resolver problemas.

verdad incómoda

Y quizás la verdad más incómoda sea ésta: el problema ya no es sólo PRM.

Es toda una clase política que hace mucho tiempo perdió la capacidad de pensar en el país más allá de las próximas elecciones y el próximo acuerdo.

Como dominicano que vive en Europa, duele ver cómo una nación de gran potencial está atrapada en un ciclo repetitivo de corrupción, populismo y simulación institucional.

Porque República Dominicana no exige a ninguna otra parte que se comprometa a "cambiar" reproduciendo las mismas prácticas.

Por primera vez en mucho tiempo se necesita una verdadera revolución moral y política.

Y eso, lamentablemente, todavía parece lejano.

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Redacción - ACN

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