República Dominicana y Haití: ¡tanta gente!
La disminución de las tasas de natalidad en muchos países del mundo, especialmente aquellos con los niveles más altos de desarrollo económico, ha despertado la alarma entre los natalistas blancos que ven el fin de su raza y su civilización si continúa la tendencia a la baja de la población. Predicen el llamado "gran reemplazo racial-étnico" y promueven la idea de que los blancos tendrán más hijos.
Este llamado a aumentar la tasa de natalidad, sin embargo, tiene obstáculos importantes: 1) para la clase media urbana, a diferencia de las sociedades rurales del pasado, criar a los hijos representa un alto costo con poca ganancia posterior; 2) el costo de vida es alto y muchos hogares requieren que todos los adultos obtengan ingresos; y 3) la sociedad posmoderna promueve la realización del potencial individual.
Si bien la clase media se muestra reacia a tener muchos hijos, los pobres tienen más probabilidades de tener hijos debido a sus niveles educativos más bajos y su acceso limitado a los servicios de salud reproductiva. De ahí que la pobreza siga siendo el principal generador de la especie humana.
El fenómeno no es ajeno a nuestro entorno nacional. Debemos ser conscientes de que la población de República Dominicana y Haití supera los 22 millones de habitantes. La mayoría, especialmente en Haití, son pobres.
La República Dominicana tiene una densidad de población de unos 240 habitantes por kilómetro cuadrado y Haití de 437 (el promedio latinoamericano es de 33).
La tasa de fertilidad (número promedio de hijos por mujer) es de aproximadamente 1,9 en la República Dominicana y 3,0 en Haití (el promedio latinoamericano es 1,8).
Ignorar estas estadísticas y sus consecuencias sociales constituye una irresponsabilidad por parte de los gobiernos, las iglesias y los ciudadanos de ambos países.
A diferencia de las décadas de 1960 y 1970, cuando existían pocos programas públicos de control de la natalidad, en las últimas décadas el control del crecimiento demográfico se ha dejado a un mayor alcance.
En sociedades donde la población tiene un alto nivel educativo y acceso a servicios de salud, el control de la natalidad se produce mediante una decisión personal racional. Este no es el caso sin bajos niveles educativos, programas eficaces de educación sexual o acceso adecuado a los servicios de salud.
En países muy pequeños con mucha pobreza, la alta densidad de población presenta serios desafíos socioeconómicos y ambientales, como el uso excesivo de la tierra, la deforestación, la contaminación y la sequía de los ríos. Esto es evidente de manera alarmante en la región haitiana.
Recientemente se ha dado la alarma en la República Dominicana porque los haitianos superan en raza a los dominicanos.
La solución no es, como algunos afirman, que los dominicanos se reproduzcan excesivamente para igualarse a los haitianos, sino más bien que los haitianos mejoren sus vidas y se reproduzcan menos para equilibrar el peso de la población. La isla ya está llena de gente sin recursos suficientes para ganarse la vida dignamente.
La pobreza no es producto del tamaño de la población, pero cuanto mayor es la población pobre, más difícil es resolver el problema de la pobreza.




