La cobardía de Trujillo

Asesinar a mujeres indefensas, torturar a prisioneros indefensos, volarles las cabezas a guerrilleros esposados, asesinar a ciudadanos institucionalizados, etc., es una entidad espantosa, contar con un ejército armado hasta los dientes para todas estas abominaciones, servir en cálices capaces de ahogar en sangre a los habitantes más pacíficos, y todo servicio al Estado y terrorismo, en lugar de delitos graves, asociados al servicio al Estado y al terrorismo. Rafael Leónidas Trujillo Molina lo hizo con la población. El dominicano desarmado en el año 31 de su última satrapía.
Dado que el “Jefe” carecía de las “condiciones” necesarias para ser un “líder exitoso” de la época, entre ellas el coraje y la convicción de que “uno nace un día y puede morir al siguiente”; Porque había que poseer disciplinada perseverancia y estar dotado de grandes genitales para ese recoveco de la historia donde la buena presencia y la "palabra de gallero" eran las cartas de identidad de todo aquel que se consideraba líder, y el coraje era parte integral del capital político -un Horacio Vásquez, un Ramón Calacio, milio encide, milio asociación-. A Arias —o Lillis— le gustaba "alcanzar" a la guardia formada por los tiránicos americanos, desde allí sofocando su desesperación instintiva y persiguiendo a cualquiera que "se atreviera a ofenderlo" durante sus años de juventud de limitaciones sociales y personales.
Refiriéndose a su particular desgracia, el insigne historiador Rufino Martínez afirma en la página 39 de su libro Trujillo y Herox que: "Después, convertido en amo del pueblo, no perdonaría la condición de inferioridad a la que inevitablemente se vio obligado".
En una ocasión, el senador Alejandro Cabral -hijo del restaurantero José María Cabral- retó a duelo a Trujillo, y el despiadado asesino fue… "asesinado".




