Servicio de electricidad: ¿cuántas horas tienen realmente las viviendas?
El acceso y la estabilidad del servicio eléctrico continúan presentando realidades variables en la República Dominicana dependiendo de la ubicación geográfica.
A nivel nacional, el indicador 7.1.1 de los ODS revela que la proporción de la población que depende de la electricidad como fuente principal para la iluminación del hogar es, en el mejor de los casos, del 96,9%.
Sin embargo, regiones como El Val reportan el acceso más bajo del país con un 91,7%, a diferencia de Higuamo que lidera con un 99,2%. a pesar deDebido a la alta cobertura de la infraestructura de iluminación, la continuidad diaria del servicio es un verdadero desafío para los distribuidores.
Apagones programados: sectores sin luz en el Gran Santo Domingo y motivos
El promedio típico de electricidad que reciben los hogares dominicanos es de 20,3 horas diarias. Esta cifra esconde graves interrupciones temporales y fluctuaciones según el circuito y las regiones donde se mide.
Desglosando el suministro eléctrico por distritos, Ozama o la región metropolitana -que concentra la mayor densidad poblacional del país- registró el peor promedio con apenas 18,7 horas de energía al día.
Por el contrario, los residentes de la región Cibao Norweste disfrutan del servicio más estable, con un promedio de aproximadamente 23,7 horas por día, seguidos de cerca por la región de Enriquillo con 22,9 horas. Un desglose por zona de residencia muestra que los apagones o el racionamiento afectan por igual a las zonas rurales y urbanas. En las zonas urbanas, el 70,1% de las casas cuentan con luz entre 20 y 24 horas del día, mientras que en las zonas rurales la cifra es del 70,6%.
Los hogares atrasados, que reciben de 1 a 9 horas de luz diarias, representan el 4,2% urbano y el 3,9% rural. Este panorama resalta que, si bien el país ha logrado conectar a la mayoría de sus ciudadanos a la red eléctrica nacional, el objetivo de brindar un servicio ininterrumpido las 24 horas sigue siendo una tarea pendiente. La escasez de oferta afecta directamente la economía nacional, la seguridad alimentaria y los programas educativos de miles de familias en las áreas metropolitanas.




