El salvador es la mujer.
Dicen que Elmhurst, un barrio de Queens, Nueva York, tiene la misma diversidad racial que el planeta, y así lo pude comprobar en los servicios hospitalarios de la ciudad.
Según los científicos, la Tierra-Gaia es femenina y es un ser vivo y como ser vivo y femenino, imagino sus horrores con un deseo de guerra típicamente masculino, siempre ávido de poder y riqueza. Hablo de hombres, sabiendo que siempre hay grandes y hermosas excepciones: mujeres maravillosas como Mandela, José Mujica, Monseñor Romero, Bernie Sanders y la brillante presidenta de México: Claudia Schimbaum.
Esta lista no es excluyente, porque en República Dominicana debo mencionar a Fidelio Despredel, Roberto Casa y José Joaquín Puelo y, entre las mujeres, a Nexi de León, Josefina Zeiter, Daisy Coco de Filippis, Laura Faxus y Lourdes Contreras, quienes abordan las citas de mujeres asertivas y silenciosas. En esta lista tengo que incluir a mujeres muertas como Martha Olga García y Dinorah Cordero, dos baluartes de la lucha por las mujeres y la democracia en nuestro país, pero no puedo relatar este artículo. Todos saben quiénes son y dónde están.
Lo que quiero decirles es mi asombro ante la presencia de mujeres en todos los campos de la salud en Nueva York, y para ello cito un día de mi tránsito, junto a un familiar, por uno de sus hospitales.
Me remitieron al Dr. Wiseman, quien dirige la clínica que construyó su padre, con un asistente puertorriqueño. Nos recibe una mujer argentina, asistida por una ucraniana; Una señora nigeriana nos inscribe; Una joven afroamericana nos guía por el pasillo; Una señora española nos recibió en el cuarto piso; Una mujer paquistaní que llena formularios para nosotros; Y una señora hindú ayudándonos en la sala de espera.
En el quirófano, el anestesista es chino, y está asistido por otra señora mayor que mastica un ruso y un español que hacen reír. Y, en un momento, estoy en Babilonia, en una habitación donde la gente habla diferentes lenguas desconocidas para mí.
O en el cielo de las mujeres salvadoras, porque el mundo siempre ha estado protegido por nosotros, aunque vivamos a expensas de líderes que no sólo amenazan la vida del país y del pueblo todos los días, sino que todos los días atacan la salud pública, la educación, el medio ambiente, el futuro de la próxima generación, debido a la negativa a involucrarse en la política tradicional, a aceptar un gobierno republicano o a postularse para un cargo.
Es hora de convocar a nuestros dioses, que ya están trabajando con sus tornados, relámpagos y chispas.




