Venezuela por precaución
Venezuela Nos recuerda algo que en el Caribe tendemos a olvidar cuando todavía tenemos tierra: el desastre no comienza el día de un terremoto. Comienzan hace mucho tiempo, cuando está mal construido, cuando hay poca supervisión, cuando los planes de emergencia sólo están en papel viejo, cuando los simulacros se consideran una pérdida de tiempo y cuando el Estado confunde respuesta con prevención.
El terremoto del 24 de junio en Venezuela, 7,2 y 7,5 dimensiones Según el informe del USGS, mataron a miles de personas, lesionaron o desplazaron a decenas de miles, causaron graves daños en Caracas, La Guaira y otras zonas, además del riesgo de posteriores deslizamientos de tierra, colapsos sanitarios y crisis humanitarias. Esta no es una noticia descabellada. Esta es una advertencia regional. Y sería muy equivocado mirar a República Dominicana con la cómoda distancia con la que a veces observamos las tragedias ajenas, como si la geografía nos hubiera abandonado.
No nos da la salvación.
La República Dominicana está ubicada en una zona sísmicamente activa. La isla Hispaniola coexiste con fallas importantes, incluida la Falla Norte, la Falla Enriquillo-Planten Garden, la Trinchera de los Muertos y la Falla Norte Hispaniola. El propio Instituto Sismológico de la USAD ha alertado del elevado riesgo sísmico del país y ha recordado que el terremoto de 1946, con una magnitud de 8,1, fue uno de los mayores registrados en el Caribe. Es decir, no estamos hablando de una posibilidad remota ni de paranoia tecnológica. Hablamos de riesgos conocidos, documentados y por tanto, gestionables.
El problema es la resistencia en nuestro país. Suele tener mala prensa. No inaugura edificios, no corta cintas, no aparece en titulares agradecidos. Prevención es revisar estructuras, inspeccionar permisos, fortalecer escuelas, mapear vulnerabilidades, capacitar comunidades, actualizar estándares, exigir responsabilidad técnica. Es una tarea incómoda porque nos obliga a mirar hacia donde nadie quiere mirar: la informalidad, la pequeña y gran corrupción, permitida sin rigor, casas construidas donde no deben construirse, escuelas que no resistirán, hospitales que deberían ser refugiados y víctimas.
Venezuela nos muestra que los terremotos no matan sólo por su magnitud. También asesinado por Fragilidad acumulada. Mata por construcciones inseguras, falta de protocolos, falta de coordinación institucional, información tardía, ausencia de rutas migratorias claras, barrios no planificados, pobreza transformada en exposición permanente a amenazas. El terremoto es un fenómeno natural. Los desastres, casi siempre, tienen una firma humana.
La República Dominicana debería mirarse en ese espejo sin orgullo. No entrar en pánico, sino mejorar para hacer lo que los estados se ven obligados a hacer ante un desastre: prevenir, mitigar, preparar y supervisar.
lo primero La gestión de riesgos debe adoptarse como una política pública central, no como un apéndice de la temporada de huracanes. Necesitamos una auditoría nacional de la infraestructura crítica: hospitales, escuelas, puentes, edificios públicos, aislamiento, refugios, represas, puertos, aeropuertos, estaciones de combustible, torres residenciales y áreas de alta densidad humana. No basta con saber que existen normas sismorresistentes. Es necesario saber si se cumplen, quién los verifica, con qué frecuencia, bajo qué sanciones y cuáles son las consecuencias cuando se incumplen.
el segundo Es necesario revisar seriamente la construcción privada. En República Dominicana hemos normalizado muchas excepciones. Un piso extra aquí, una barra baja allá, un permiso resuelto por contactos, supervisión flexible, un plano que se cambia en obra como si la ingeniería fuera una pasión. Esa cultura puede parecer rentable hasta que sacude la tierra. Luego descubrió tardíamente que la informalidad también recae sobre las personas.
el tercero La población está preparada. Cada escuela debería tener simulacros regulares y protocolos visibles. Todo condominio debe saber dónde evacuar, cómo cortar el gas y la electricidad, cómo asistir a los ancianos, discapacitados, niñas, niños y enfermos. Toda empresa debe contar con un plan de continuidad operativa y seguridad humana. Cada ayuntamiento debe disponer de mapas de zonas de peligro, puntos de encuentro, rutas de evacuación y sistemas de comunicación comunitaria. La Resistencia no puede basarse en recordar un cartel visto hace cinco años.
Cuarta cosa La respuesta es fortalecer las instituciones. Protección Civil, COE, bomberos, ayuntamientos, sector sanitario, obras públicas, educación, policía, fuerzas armadas, empresas de telecomunicaciones y sector privado deben trabajar sobre protocolos comunes, no sobre persuasiones individuales. En una verdadera emergencia, la improvisación cuesta vidas. La coordinación no se inventa bajo los escombros. Se ensaya antes.
el quinto Se incluye una perspectiva social. La gestión de riesgos no puede limitarse a pedir a la gente que se "prepare", como si todos tuvieran las mismas condiciones para hacerlo. No es lo mismo vivir en una torre tecnológicamente supervisada que vivir en una casa informal construida en una ladera. No es lo mismo depender del transporte público que evacuar con su propio vehículo. Tener un seguro, ahorros y una red familiar no significa perderlo todo en una casa de alquiler. La prevención es también justicia social.
transparencia Chaleco salvavidas. Necesitamos información pública, accesible y actualizada sobre el riesgo. ¿Qué áreas corren mayor riesgo? que requiere intervención en edificios públicos. ¿Qué hospitales están listos? Lo que existe para la mitigación presupuestaria. Los ciudadanos no pueden ser tratados como espectadores pasivos bajo su propio riesgo.
Venezuela duele hoy, pero también advierte. Esto nos dice que un país no puede esperar a que el mundo se abra para revelar sus grietas institucionales. Nos dice que el desastre no excusa la negligencia acumulada. Nos dice que la solidaridad internacional es necesaria, pero nunca podrá reemplazar la preparación nacional. Y esto nos dice, después de todo, que la disuasión es una obligación moral del Estado.
Hay hora de República Dominicana. No sabemos cuánto, pero tiene tiempo. Tiempo para revisar, reforzar, educar, coordinar, presupuestar, supervisar y corregir. Es hora de tomar en serio lo que muchas veces dejamos atrás. Es hora de entender que la seguridad no comienza cuando suenan las sirenas, sino cuando la sociedad decide vivir con sus riesgos.
él Terremoto No sólo mueve el mundo. Revela en segundos todo lo que un país ha decidido no dejar pasar durante años.
Y esa réplica, si no actuamos ahora, podría afectarnos también a nosotros.




