Tragedia y reforma

El desprecio colectivo sin límites por el infame policía que le quitó la vida a Darlene Mercado, de 19 años, no tiene clase social ni color de partido. Se trata de un incidente doloroso e inaceptable, que nos obliga a expresar nuestra más sincera solidaridad con los familiares de este joven, a quien todos han calificado de ejemplar, además de exigir investigaciones estrictas, sanciones ejemplares y la promesa de medidas para garantizar que no vuelva a suceder.
Nadie negó que la respuesta institucional fue proporcional a la gravedad del caso, como lo demuestra el hecho de que el agente designado fue rápidamente arrestado y llevado a juicio, demostración de que ninguna ley uniforme puede servir como defensa.
Sin embargo, la tragedia también ha sido objeto de una explotación política no deseada por parte de los dos principales partidos de la oposición. Tanto el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) como la Fuerza del Pueblo (FP) han hecho campaña con este desgracia, desacreditando al gobierno, sin ofrecer una propuesta concreta que contribuya a prevenir nuevos abusos o fortalecer la seguridad ciudadana. Sin duda, los involucrados en estos crímenes bestiales quedaron expuestos ante los dominicanos de buena voluntad. La crítica es válida en una democracia, pero la autocrítica y las alternativas no están ausentes. Tanto el PLD como la Fuerza del Pueblo tienen una responsabilidad histórica en el deterioro institucional de la Policía Nacional, como lo demuestra el hecho de que durante el gobierno encabezado por Lionel Fernández, hoy líder de la Fuerza del Pueblo y candidato presidencial, se acumularon doce años de gestión sin cambios estructurales en la institución policial.
A diferencia de los partidos de oposición antes mencionados, que han estancado las reformas durante décadas, el presidente Luis Abinada ha emprendido la transformación de la Policía Nacional con responsabilidad y determinación. Esto explica su profunda ira hacia este atroz incidente.
Los avances del gobierno de Abinada incluyeron un aumento salarial para los agentes de menor rango, que pasaron de un salario de 8.000 pesos a alrededor de 500 dólares mensuales. Esta mejora no resuelve por sí sola los problemas de la institución, pero constituye una condición esencial para una mayor preparación, disciplina, transparencia y compromiso con el servicio público. La experiencia de América Latina confirma que la reforma policial requiere tiempo, coherencia y voluntad política. Colombia ha avanzado a lo largo de décadas en la profesionalización y modernización de su policía nacional, con importantes resultados en capacidad operativa, aunque aún enfrenta serios desafíos. Chile ha desarrollado una estructura institucional policial con sistemas especializados de capacitación y carrera que se han integrado durante un largo período de tiempo, aunque desafíos recientes lo han obligado a revisar sus protocolos de uso de la fuerza. Los procesos de modernización, control civil y profesionalización también han requerido reformas consistentes y sostenidas en Uruguay.
No podemos ignorar que la Policía Nacional también lleva el peso de sus orígenes históricos. Fundada en 1936, durante la sangrienta dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, nació de la lógica del control político y la preservación del poder, no como una institución puramente orientada al servicio civil.




