Genocidio del Imperio

En su brutal declive, el imperialismo estadounidense aprovechó el sionismo, el racismo, el machismo, el nacionalismo cristiano blanco y la teología de la supremacía como inspiración y justificación para su guerra de destrucción contra una civilización discriminada y estigmatizada.
El "nacionalismo cristiano" es una ideología que abraza una forma de anarquía religiosa extrema y utiliza la fe de sus seguidores para tratar de fortalecer el férreo control de las oligarquías capitalistas y sus tecnoburocracias sobre la vida política, cultural y social, y para atribuir órdenes de Dios a sus guerras y genocidios.
Este concepto religioso, fortalecido en una gran nación que ha pasado por la modernidad y ha entrado en la llamada era posmoderna, ha transformado la religión divina en el culto a las fuerzas y designios terrenales destructivos para su dominación mundial.
Se refiere al uso abusivo de la religión para invadir, derrocar gobiernos, matar, destruir, conquistar territorio y riqueza desde la posición de mando de una superpotencia militar.
El fenómeno en cuestión es producto de una combinación de separatismo religioso fundamentalista y la manipulación de las agencias de inteligencia, una profunda crisis y una profunda decadencia para evitar el colapso de su imperio.
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, atribuye su función al frente del Pentágono a un designio divino. Vuestros soldados, vuestros misiles, vuestros bombarderos y vuestros portaaviones son de Dios y Dios os guía.
El mayor Garrett Hegseth, reportero de la CBS, le preguntó si estaba abordando la guerra desde una perspectiva religiosa, y respondió: "Bendito sea el Señor, mi roca, que entrena mis manos para la guerra y mis dedos para la guerra".
Estas ideas alimentan las nuevas formas de fascismo que Estados Unidos asume y promueve en su sociedad y en nuestro continente.
Argentina, El Salvador, Ecuador, Paraguay, Honduras, Costa Rica Chile, Perú, Colombia, Brasil… son los escenarios de la nueva avalancha neofascista, orquestada por los centros de poder estadounidenses bajo el Pentágono y la Casa Blanca y las elites capitalistas locales.
En esta dirección el activismo de la CIA y de las embajadas norteamericanas se está desplegando con gran intensidad en nuestra América y especialmente en Argentina, El Salvador, Ecuador, Paraguay, Honduras, Costa Rica, Chile, Perú, Colombia y Brasil.
Además, aprovechando el alto grado de conservadurismo arraigado en el antirracismo, el fundamentalismo religioso y el sistema de partidos tradicional haitiano, también se formaron grupos neofascistas extrapartidistas tempranos y organizados.



