La banca mayorista latinoamericana ofrece lecciones de resiliencia para el sistema financiero global
La experiencia de la banca mayorista en América Latina muestra que es posible convertir la volatilidad en una ventaja competitiva cuando las empresas desarrollan capacidades especializadas para gestionar el riesgo, fortalecer el conocimiento de sus clientes y adaptar continuamente sus modelos de negocio. Ésta es una de las principales conclusiones del más reciente artículo de McKinsey & Company, "Lecciones de resiliencia ofrecidas por el modelo de banca mayorista de América Latina".
El análisis ilustra que las instituciones financieras de la región han evolucionado en el contexto de ciclos económicos cambiantes, fluctuaciones del tipo de cambio, inflación y episodios recurrentes de incertidumbre política y macroeconómica. Lejos de limitar su crecimiento, estas condiciones promovieron el desarrollo de capacidades de diferenciación que hoy representan lecciones relevantes para los bancos que operan en otras geografías.
Uno de los principales hallazgos del estudio es el crecimiento sostenido de la banca corporativa y de inversión (Corporate and Investment Banking – CIB) en América Latina. Entre 2022 y 2024, este segmento registró una expansión de aproximadamente 12% anual, lo que refleja el papel principal que los bancos siguen desempeñando en las organizaciones financieras de la región, donde los mercados de capitales y otras fuentes de financiamiento aún presentan un menor nivel de desarrollo que en economías más maduras.
Según McKinsey, este puesto ha permitido a las instituciones financieras profundizar su conocimiento de las industrias en las que operan sus clientes. En lugar de ofrecer únicamente productos financieros, muchas organizaciones han evolucionado hacia un modelo de asesoramiento especializado, integrando capacidades técnicas, conocimiento del sector y una comprensión integral de la cadena de valor para formular soluciones adaptadas a las necesidades de cada empresa.
El artículo también destaca que los bancos latinoamericanos han fortalecido significativamente sus capacidades de generación y gestión de riesgos. La combinación de una estructura crediticia más conservadora, un seguimiento permanente de las exposiciones y una revisión continua de la cartera les permite responder rápidamente a los cambios en las condiciones económicas, preservar la calidad de sus activos y mejorar la asignación de capital.
Otro factor diferenciador identificado por McKinsey es el uso estratégico de la información transaccional generada por sus propios clientes. El acceso a datos de pagos, cobros y flujos de caja permite identificar necesidades de financiación, predecir cambios en la actividad empresarial e identificar oportunidades comerciales antes de que se materialicen, contribuyendo a una mejor toma de decisiones y al desarrollo de nuevos negocios.
Asimismo, numerosas instituciones financieras de la región han creado equipos especializados para participar en el proceso de reestructuración, recuperación de deuda y financiamiento de empresas que atraviesan situaciones complejas. Estas capacidades reúnen a expertos en riesgo, banca de inversión, asuntos legales y análisis sectorial para diseñar soluciones adaptadas a cada caso, convirtiendo situaciones de estrés financiero en oportunidades de creación de valor tanto para clientes como para instituciones.
Como parte de la investigación, McKinsey también incluyó los resultados de su Encuesta de Banca Corporativa y de Inversión 2025, que fue realizada a 370 altos ejecutivos de empresas latinoamericanas. La encuesta muestra que los clientes corporativos valoran especialmente la capacidad del banco para proporcionar soluciones integrales a sus decisiones estratégicas más allá del acceso a asesoramiento especializado, experiencia sectorial y financiación.
"Durante décadas, las instituciones financieras en América Latina han operado en un entorno que les exigía desarrollar la capacidad de adaptarse rápidamente a condiciones cambiantes. Esta experiencia ha impulsado modelos bancarios más ágiles, con una gestión de riesgos más sofisticada, mayor conocimiento de los sectores productivos y mayor cercanía a las necesidades de sus clientes. Estas son lecciones que pueden servir hoy como parte financiera de las organizaciones de todo el mundo." Socio Senior de Novus, McKinsey & Company y Socio Director Dominicano de Republic.
Para McKinsey, el caso latinoamericano confirma que la resiliencia no depende únicamente de factores externos o de condiciones favorables del mercado. Este es el resultado de construir capacidades organizacionales que nos permitan responder rápidamente a la incertidumbre, fortalecer la toma de decisiones y mantener relaciones de largo plazo con clientes que continúan cambiando.




