Salud mental de la mujer
Existe un gran riesgo y vulnerabilidad en la representación de las mujeres desde las perspectivas biológica, psicosocial y cultural Trastornos psicoemocionales más que los hombres.
Durante décadas, la salud mental de las mujeres ha sido discutida en congresos, simposios, talleres y conferencias para concientizar, inspirar y apoyar la salud mental en la prevención, el diagnóstico temprano, el tratamiento oportuno y la reintegración psicosocial.
Es un hecho que las condiciones económicas, laborales y las desigualdades sociales en las que viven millones de mujeres representan una mayor carga de estrés, presiones sociales y familiares, para competir y tener acceso al bienestar y desarrollo psicoemocional.
Como es sabido, la salud mental es un estado de bienestar mental, psicológico, social y espiritual que una persona alcanza o experimenta con el fin de alcanzar satisfacción y felicidad.
Desde el punto de vista cultural, los roles y estereotipos definen y determinan lo que se espera o asigna a una mujer atrapada por la cultura sexista y el patriarcado, lo que representa mayor estrés, ansiedad, dolor, culpa o un sentimiento de incapacidad para responder a las condiciones sociales, tales como: debe cuidar de los hijos y del hogar, debe trabajar y ocuparse de los estudios, construir la fe y contribuir. Cariñosa, presentable y "buena madre y esposa".
Los factores biológicos van desde la pubertad, el ciclo menstrual, el embarazo, el parto, la menopausia, donde los cambios hormonales, químicos y físicos afectan la salud mental, generando cambios en el estado de ánimo, el sueño, la alimentación y los trastornos del comportamiento.
Los trastornos y enfermedades mentales que más afectan a las mujeres son: depresión, ansiedad, bipolaridad, trastornos alimentarios, compras compulsivas, trastornos del sueño, estrés agudo y crónico, etc.
Desde la niñez y la adolescencia, hasta la edad productiva y la vejez, se imponen a las mujeres mayores exigencias y un mayor compromiso con el apego, el vínculo, el afecto y los sentimientos de pertenencia social y familiar. Pero también, por género, sufren el mayor daño psicológico y emocional, proveniente de abuso físico, acoso, violación y ataques sexuales, morales y estructurales.
Ahora que la salud mental es el área más enfocada y prioritaria en salud. Es necesario invertir más recursos, mayor cobertura y acceso a la atención hospitalaria y comunitaria como se está haciendo en el país
Lograr y planificar estrategias para el acceso a un salario digno, desarrollo social, educación, oportunidades, vivienda, servicios de calidad y calidez, representa una reducción del riesgo de sufrir condiciones graves de salud mental.
Es fundamental reconocer las alertas y signos de riesgo de salud mental: dificultades para dormir, cambios de humor, ansiedad extrema, apatía, fatiga y pérdida de energía, pensamientos catastróficos, culpa o pensamientos de inutilidad, pero también, procrastinando demasiado, perdiendo el foco o abandonando proyectos de vida, debemos prestar atención y decidir buscar ayuda.
El autocuidado, el trabajo por los logros, el sentido de utilidad y el acceso al desarrollo también son formas personalizadas y responsables que las personas deben lograr.
El estado y el sector privado, otras instituciones y la sociedad civil deben tener espacio, presupuestos y políticas de salud mental para lograr el bienestar social, emocional y espiritual de los ciudadanos.




