El terremoto más poderoso registrado en América Latina y ocupado por República Dominicana
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Los recientes terremotos registrados en Venezuela, que alcanzaron una magnitud de 7,5 en la escala de magnitud de momento (Mw), volvieron a poner sobre la mesa una realidad ineludible para América Latina: es una de las regiones con mayor actividad sísmica del planeta.
Según registros históricos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) y organismos especializados en vulcanología y sismología, prácticamente todos los países latinoamericanos han experimentado terremotos de gran intensidad, aunque existen importantes diferencias en magnitud y frecuencia.
Chile es hogar del terremoto más poderoso registrado no sólo en América Latina, sino en toda la historia de la humanidad. El 22 de mayo de 1960, la ciudad de Valdivia fue sacudida por un terremoto de magnitud 9,5, considerado el más fuerte jamás registrado. El terremoto afectó a miles de personas, generó un devastador tsunami que atravesó el océano Pacífico y también dañó Hawaii, Japón y Filipinas.
En segundo lugar está Colombia, cuyo terremoto alcanzó una magnitud de 8,8 el 31 de enero de 1906. Le siguió México, con un terremoto de magnitud 8,1 ocurrido el 19 de septiembre de 1985, una tragedia que marcó profundamente la historia del país y dejó miles de muertos.
Terremotos en Chile 1960 y Uruguay 2016
República Dominicana está entre los países con mayor actividad sísmica
En el caso dominicano, el terremoto más intenso registrado ocurrió el 4 de agosto de 1946, frente a las costas de la provincia de María Trinidad Sánchez. Con una magnitud de 7,7, el evento desencadenó un tsunami que afectó a comunidades del noreste del país y afectó a cientos de personas además de importantes daños materiales.
Los expertos explican que la isla Hispaniola está ubicada en el límite de las placas tectónicas del Caribe y América del Norte, lo que somete a República Dominicana y Haití a una actividad sísmica constante.
Venezuela entró a la lista con récord histórico
El terremoto del 24 de junio de 2026 en Venezuela alcanzó una magnitud de 7,5, lo que lo convierte en el evento sísmico de mayor intensidad jamás registrado mecánicamente en ese país.
Con esta magnitud, Venezuela iguala a Guatemala y El Salvador en la lista de los mayores terremotos de América Latina y supera a países como Brasil (7,6), Argentina (7,2), Haití (7,2), Cuba (7,0), Bolivia (6,8), Paraguay (6,5), Costa Rica (4,6) y Euro (4,6). (5.5).
Una región caracterizada por el movimiento de placas tectónicas.
La mayoría de los terremotos más intensos del continente se concentran en países ubicados en el llamado Anillo de Fuego del Pacífico, una amplia franja que rodea el Océano Pacífico y donde se produce el 90% de la actividad sísmica global.
Chile, Perú, Ecuador, Colombia y México son parte de la región donde la placa de Nazca se subduce debajo de la placa Sudamericana, almacenando grandes cantidades de energía que, cuando se liberan, crean grandes terremotos.
En el Caribe la situación geológica es diferente, pero igualmente compleja. La interacción entre las placas del Caribe y América del Norte explica la actividad sísmica que afecta a República Dominicana, Haití, Cuba y Puerto Rico.
¿Qué significa realmente la magnitud del terremoto?
La escala de magnitud de momento (Mw) es logarítmica, lo que significa que un pequeño aumento en el número representa un gran aumento en la energía liberada. Un terremoto de magnitud 8,5, por ejemplo, libera alrededor de 32 veces más energía que un terremoto de 7,5, mientras que el histórico terremoto chileno de 9,5 libera alrededor de mil veces más energía que un terremoto de 7,5.
Por ello, aunque la diferencia entre las dos dimensiones pueda parecer pequeña, el impacto potencial sobre las poblaciones, la infraestructura y el medio ambiente puede ser extraordinariamente alto.
La historia de los terremotos en América Latina muestra que ningún país de la región está completamente libre de riesgo. Mientras algunas naciones han experimentado terremotos considerados entre los más destructivos del planeta, otras mantienen una actividad moderada. Sin embargo, los expertos coinciden en que la preparación, las normas de construcción y los sistemas de alerta temprana siguen siendo las herramientas más eficaces para reducir el impacto de futuros terremotos.




