sin una bala
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Acosada por una crisis económica sin precedentes, Cuba abrió la puerta al capitalismo al adoptar 176 medidas de libre mercado, incluida la liberalización de la banca, las remesas y las divisas, y la participación del sector privado en agencias gubernamentales, lo que marcó el fin de los monopolios estatales.
Estas medidas históricas, aprobadas por el Poder Popular (Parlamento), el Partido Comunista de Cuba y el general Raúl Castro, reflejan la magnitud del declive económico de la isla, exacerbado por el embargo impuesto por Estados Unidos al petróleo y al capital que ingresan a suelo cubano.
Las empresas estatales que operan en sectores básicos de la economía, como la manufactura, el turismo, la agricultura, la tecnología y la minería, serán convertidas en empresas comerciales para que personas físicas y jurídicas puedan comprar acciones, rompiendo el control estatal sobre el aparato productivo.
Para que no queden dudas sobre el alcance de este programa de liberalización o privatización, el gobierno cubano se ha comprometido a liquidar empresas insostenibles y deficitarias, además de eliminar el límite de cien trabajadores para las empresas privadas y los subsidios públicos, así como los topes salariales.
Cuba permitirá la participación de capital privado nacional o extranjero en la importación o comercialización de combustibles, incluido el establecimiento de gasolineras y la creación de bancos, además de permitir que un particular sea propietario o accionista de más de una empresa e importe bienes con fines comerciales.
Este paquete de reformas económicas ha sido tan amplio y profundo que se permitirá el establecimiento de franquicias extranjeras de comida rápida como McDonald’s, Burger King, Wendy’s y KFC, además de reconocer los derechos de propiedad inmobiliaria, turística y agrícola.
Aunque algo tarde, La Habana decidió avanzar hacia un sistema capitalista dual, que fue asumido por el Partido Comunista Chino en 1978 y el Partido Comunista Vietnamita en 1986. En ambos procesos, Beijing y Hanoi lograron combinar las ventajas del capitalismo y el socialismo.
Sin abandonar su política de garrote contra Cuba, Estados Unidos ha llevado a cabo exitosamente una especie de diálogo político con el gobierno cubano para sus intereses estratégicos, que a su vez admite que es hora de cambios profundos sin disparar un solo tiro ni declarar la consigna ¡Muerte a la Patria!




