La policía y la pena de muerte: un ciclo de violencia que clama por un cambio
Se atribuyen tantas ejecuciones de detenidos a agentes de policía que las investigaciones son insuficientes para esclarecer los hechos.
Casos como el de Marky García Gil, de 22 años, quien fue baleado sin resistencia según un video, exigen una revisión de los protocolos policiales para la persecución de delitos.
García Gil se encontraba en su residencia en el sector Hatico de La Vega, y salía con los brazos en alto cuando miembros de la patrulla le dispararon.
El joven, que según familiares estaba desarmado, era buscado por agresión y otros delitos.
Para empeorar las cosas, cada crimen levanta sospechas de que se está comprometido a evitar la revelación de los supuestos vínculos de los agentes con el crimen.
Los crímenes son altamente sospechosos y si no fuera por los videos no se puede negar que habrían quedado impunes.
Pero la realidad es que los delincuentes acusados o reales exigen que los ahorquen y los despidan o cualquier intervención que vaya más allá de la investigación del incidente.
Evidencian una cultura o resistencia a procedimientos acordes con la profesionalización y modernización de la policía promovida.




