Aplicaciones extranjeras de entrega a domicilio estrangulan a los restaurantes de RD
En los últimos años, y sobre todo tras la pandemia, pedir comida ha dejado de ser un lujo ocasional y ha pasado a formar parte del día a día. Las apps de delivery cobraron una relevancia sin precedentes y, para muchos restaurantes, tenerlas dejó de ser una opción: se convirtió en una condición de existencia.
La comodidad de una aplicación, unos pocos clics en la puerta y la comida han cambiado la forma en que comemos. Pero detrás de esta aparente modernidad se esconde una incómoda realidad de la que pocos se atreven a hablar en voz alta: el actual modelo de delivery está asfixiando a los restaurantes.
Hablando con un amigo, dueño de un restaurante, me admitió algo que muchos en el sector saben, pero guardan silencio: lo vivido con estas plataformas ya no se siente como una alianza, sino más bien como una relación de dependencia abusiva y peligrosa, cercana a un monopolio disfrazado de innovación.
Hoy en día, los restaurantes dependen casi por completo de plataformas internacionales para acceder a los clientes en el mundo digital. Estas plataformas como Pedidos Ya no sólo median servicios, fijan sus comisiones, imponen reglas; Ellos deciden qué negocios son más visibles, cuáles están ocultos, exigen descuentos obligatorios y cuánto se paga por permanecer dentro. Si no acepta sus términos, simplemente desaparecerá del radar del consumidor.
Mientras tanto, el comerciante local soporta toda la carga: costes de comida, empleados, alquiler, electricidad, impuestos, calidad del producto e incluso quejas de los clientes sobre la entrega. Tenga en cuenta que un mal servicio no afecta el rendimiento de la aplicación sino el negocio.
Nuestros pequeños y medianos empresarios apoyan toda la operación. Las plataformas, por el contrario, se llevan un porcentaje importante de cada pedido sin compromiso.
Esto ha creado una profunda distorsión: muchos restaurantes ya no pueden vivir sin estas aplicaciones porque dominan la mayor parte del mercado digital. No tenerlos es prácticamente inexistente.
Surge entonces una pregunta inevitable: ¿Quién protege a los pequeños y medianos restaurantes dominicanos?
No estamos hablando de grandes cadenas, sino de una clase media que invierte, crea empleo y sostiene una parte importante de la economía. Pero hoy es vulnerable. No existen regulaciones claras sobre comisiones ni límites definidos que garanticen una competencia justa.
Ya no es sólo tecnología. Es una cuestión de soberanía económica, política e incluso comercial.
No se trata de rechazar la innovación. Las plataformas aportan eficiencia y amplían los mercados. Pero la innovación es una cosa y el abuso es otra muy distinta.
Los empresarios no piden privilegios. Quieren reglas claras. Un terreno donde poder competir sin asfixiarse.
Ante este panorama, surge una propuesta que merece atención: el desarrollo de una plataforma nacional de entrega, impulsada por el Estado en conjunto con el sector privado. Organizaciones como ITLA pueden encabezar una aplicación que reúna a los restaurantes del país en condiciones más justas y transparentes.
No se trata de eliminar la competencia internacional, sino de mantener el equilibrio. Crear una alternativa que permita a las empresas locales sobrevivir y crecer sin depender enteramente de corporaciones extranjeras.
Porque si seguimos así el resultado es claro: las plataformas seguirán creciendo, pero los restaurantes empezarán a desaparecer.
Y cuando eso sucede, todos perdemos.




