ENTRETENIMIENTO

El papel crítico de las mujeres en la búsqueda de personas desaparecidas en México: más allá del Estado

América Latina 21

Por Claudia Calvino

Su reciente decisión Comité de las Naciones Unidas contra las Desapariciones Forzadas La activación del Artículo 34 en México ha desencadenado un debate legal y político sobre el alcance de las desapariciones en el país. La activación de este proceso implica que la ONU considere que existen indicios bien establecidos de una práctica generalizada o sistemática de desaparición forzada, lo que constituye una alerta internacional sin precedentes, permite una revisión urgente del caso y faculta al Comité para plantear la situación ante la Asamblea General de la ONU. Sin embargo, detrás de los debates técnicos y diplomáticos se esconde una dimensión más profunda y menos visible: el papel de las mujeres en la búsqueda de personas desaparecidas y la forma en que los Estados responden (o no) a esas búsquedas.

Las desapariciones masivas crean ausencia, miedo y divisiones sociales, pero también crean algo más: nuevas formas de organización política, casi siempre, lideradas por mujeres. Madres, esposas, hijas y hermanas que comienzan buscando a los desaparecidos y cuestionando al Estado, documentando la violencia y transformando el dolor privado en acción pública.

México no es el primer país donde esto sucede. La diferencia está en la respuesta institucional.

En Argentina, durante la dictadura militar (1976-1983), las desapariciones forzadas dieron origen a uno de los movimientos de derechos humanos más simbólicos del siglo XX: las madres y abuelas de Plaza de Mayo. Mujeres como Azucena Villaflor rompieron el silencio impuesto por el terror y convirtieron la búsqueda de sus hijos e hijas en demandas públicas de memoria, verdad y justicia. Con el tiempo, esta presión social contribuyó a la construcción de políticas estatales de reparación, identificación y restauración de la identidad.

En Bosnia y Herzegovina, después de la guerra de 1992-1995 y la masacre de Srebrenica, las Madres de Srebrenica, encabezadas por Munira Subasic, desempeñaron un papel central en la exigencia de la autenticidad y la identificación de miles de cadáveres. Su presión fue decisiva para el desarrollo de métodos de identificación forense internacional mediante ADN, que hoy se considera una referencia mundial.

En Colombia, después de más de cinco décadas de conflicto armado (1964-2016), ASFADDES (Asociación de Familiares de Detenidos) lleva años investigando y documentando desapariciones. Las familias -principalmente mujeres- fueron claves para la creación de unidades de búsqueda de personas consideradas desaparecidas en el marco del acuerdo de paz.

Los tres casos comparten una constante: las mujeres iniciaron la búsqueda en un contexto de miedo, violencia e indiferencia estatal, pero en algún momento, la presión social y el escrutinio internacional obligaron a los estados a transformar esa búsqueda en instituciones, políticas públicas y procesos de verdad.

México enfrenta hoy una situación diferente y profundamente preocupante. Con más de 132 mil personas desaparecidas, según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y Desplazadas, el país presenta estadísticas comparables a contextos de guerra o conflicto armado, aunque oficialmente no se encuentra entre ellos. La comparación con Colombia es particularmente reveladora: mientras Colombia alcanzó la misma cifra después de más de cinco décadas de conflicto armado, México alcanzó este nivel en menos de dos décadas, y con una aceleración particularmente fuerte a partir de 2018.

Miles de mexicanos marcharon para conmemorar los siete años de la desaparición de Ayozinapar

Las estadísticas agregadas muestran que la mayoría de las personas desaparecidas son hombres. Según datos de Red Looper, alrededor del 77% de los desaparecidos son hombres y el 23% son mujeres. Sin embargo, el patrón cambia cuando se analiza la edad: los hombres predominan en el grupo de 25 a 29 años, mientras que el grupo más afectado en el sexo femenino es el de 15 a 19 años.

Esto sugiere dinámicas diferentes. Si bien las desapariciones de hombres parecen estar más frecuentemente vinculadas a la violencia regional y la economía criminal, las desapariciones de mujeres –especialmente adolescentes– indican patrones relacionados con la violencia sexual, la trata y la violencia feminicida. Como ha sucedido en otros contextos de violencia extrema, los cuerpos de las mujeres se han convertido en lugares de contención y violencia específica.

Pero el punto central en este contexto no son sólo los números. Eso es a quien estás buscando. En México, las madres investigadoras han asumido tareas acordes con el Estado: localizar fosas, buscar pistas, organizar brigadas, documentar casos y realizar allanamientos en zonas controladas por el crimen organizado. Lo hicieron en un contexto de enorme vulnerabilidad y prácticamente sin protección.

A diferencia de Argentina, Bosnia o Colombia, donde la presión social crea procesos institucionalizados de búsqueda y reconocimiento, en México la relación entre el Estado y las madres buscadoras se caracteriza por la desconfianza, la insuficiencia, la incompetencia e incluso su asesinato.

Los grupos de búsqueda reportaron retrasos procesales en la validación de resultados, deficiencias forenses, pérdida de pruebas y ausencia de coordinación institucional. A esto se suma un hecho particularmente grave: el asesinato de madres buscadoras y personas dedicadas a encontrar personas desaparecidas en diferentes puntos del país. Hay muchos nombres que no podemos olvidar: Noé Sandoval Adame, Angelita Meraz León, Teresa Magueyal, Ana Luisa Garduño, por mencionar sólo algunas mujeres buscadoras que fueron asesinadas en el proceso de encontrar a sus familiares y exigir justicia.

Las mujeres buscan el Estado, no el Estado

Este es uno de los elementos más relevantes para comprender la dimensión internacional de lo ocurrido con la activación del Artículo 34. Lo que la ONU señala no es sólo la escala de las desapariciones, sino la insuficiencia estructural de la respuesta del Estado a una crisis que se prolonga durante años.

La historia comparada muestra que los Estados no transforman su respuesta a las desapariciones masivas más allá de lo creíble. Lo hacen cuando las presiones sociales, la legalización de la victimización y el costo político de la inacción se vuelven imposibles de ignorar.

En Argentina, la Madre de Plaza de Mayo se ha transformado en memoria pública. En Bosnia, las madres de Srebrenica presionaron por el reconocimiento internacional y la creación de un sistema de justicia. En Colombia, las empresas familiares han contribuido a la creación de instituciones de investigación específicas. México aún no ha llegado a ese punto y los datos indican que aún le queda un largo camino por recorrer para que eso suceda.

La activación del Artículo 34 no resolverá la crisis por sí sola, pero cambiará el terreno político e internacional en el que se negocia. Internacionaliza el tema, aumenta el escrutinio y valida aún más las voces de quienes han estado buscando durante años.

Las madres de la búsqueda mexicana enfrentan no sólo la desaparición de sus hijos e hijas, hermanos, padres y seres queridos. También se enfrentan a la ausencia de un Estado que no esté a la altura de quienes no pueden encontrar -o no quieren- lo que quieren.

Claudia Calvino, Internacionalista y Doctora en Ciencias Sociales, Red de Científicos Políticos

Vista parcial de la Marcha en la Ciudad de México.

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Redacción - ACN

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