Consenso (opinión) complejo sobre PRM para 2028 | ACN

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Por Alejandro Santos
Hipólito y Luis, las dos principales figuras del PRM, abandonaron la campaña como alternativas viables al aspirante a presidente de la República.
Lo que les queda a ambos es su capacidad de actuar como entidades de influencia para influir en las decisiones de los procesos actuales y futuros de su equipo.
El vacío dejado por Hipólito y Luis creó las condiciones para una proliferación de candidatos para reemplazarlos.
Son tantos los que aspiran a ser candidato que el proceso se complica, ya que dificulta bastante llegar a un consenso en torno a un único nombre.
Los candidatos incluyen a la vicepresidenta Raquel Peña; el presidente del Instituto Dominicano de Telecomunicaciones (Indotel), Guido Gómez Mazara; el director del Instituto Nacional de Agua Potable y Alcantarillado (INAPA), Wellington Arnaud; y la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía. También Eduardo Sanz Lovatón (Yayo), Tony Peña, el Ministro Sin Cartera Roberto Fulker y el Ministro David Collado.

Todos ellos están trabajando activamente para conseguir apoyo dentro y fuera de la estructura del partido.
La complejidad se profundiza a la hora de definir el método de selección de candidatos: si será mediante votación interna o una consulta abierta a los ciudadanos.
El procedimiento no es un detalle menor, ya que determina la estrategia y el potencial de cada aspirante. Carolina Mejía, por ejemplo, ha centrado sus esfuerzos en consolidar la estructura interna del partido, mientras que David Collado apunta a ganar popularidad entre la población en general.
Ambos caminos conducen a resultados diferentes: Carolina podría ser más fuerte en una convención interna, pero con menos armonía popular; Collado, por otra parte, podría obtener una mayor simpatía cívica sin necesariamente dominar la base del partido.
Se mencionan ambos porque, con diferencia, son los más probables. Sin embargo, Wellington Arnaud también gozó de un apoyo considerable entre las bases del PRM.
Un elemento adicional que complica el panorama es la incógnita del papel de Abinadar: si permitirá que el proceso continúe sin intervención o, como Hipólito que apoya a su hija, decidirá apoyar abiertamente a uno de los candidatos.
La indecisión de Abinadar contribuye a que no surja un candidato de consenso, lo que podría ser una debilidad estructural para quien finalmente gane la nominación y deba afrontar la campaña presidencial.
A esto se suma la existencia de una corriente interna que considera que ninguno de los candidatos reúne las condiciones para garantizar una nueva victoria del PRM y sólo el presidente Abinada puede asegurar esa continuidad. Algunos van más allá y promueven en secreto iniciativas destinadas a permitir su reelección.
Como se señaló, el camino que está tomando el PRM hacia un nuevo liderazgo no es fácil ni rápido.
En la política dominicana persiste una cultura de caudillismo: quienes llegan a la cima de la dirección de un partido rara vez aceptan que otro, surgido de sus propias filas, ocupe ese lugar. Este factor, aunque oculto, está plenamente presente en PRM.
Lo que hoy parece una situación favorable para esa organización -con una victoria aparentemente asegurada contra una oposición fragmentada y deslucida- podría complicarse si el proceso electoral interno conduce a una ruptura.
El desafío para PRM no es sólo elegir un candidato, sino demostrar que puede manejar cambios de capacidad interna sin fracturas. Su persistencia como fuerza dominante dependerá de esta capacidad.
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