PLD: bisagra historia falsa (me gusta) | ACN

En República Dominicana, a más de dos años del próximo proceso electoral, algunos sectores quisieron imponer una narrativa tan conveniente como irreal: intentaron presentar al Partido de la Liberación Dominicana (PLD) como un partido mayoritario, destinado a decidir entre el Partido Revolucionario Moderno (PRM) y la Fuerza del Pueblo (FUPU).
Pero esa narrativa no es una coincidencia, es una estrategia de campaña muy estructurada y clara. El objetivo es inculcar en los votantes la impresión de que el PLD no es una alternativa real al poder, sino más bien un actor secundario llamado a equilibrar al PRM y al FUPU.
Es una estrategia que la gente debe tener clara y enfocada, pero que se desvanecerá con el tiempo porque la gente y los estudios que se han hecho indican que los tres equipos prácticamente pueden caminar muy juntos por el torneo de selección.
El electorado dominicano ha demostrado madurez en diversos momentos históricos. Sabe detectar cuando se intenta impulsar una narrativa que no se corresponde con la realidad. Así, este intento de presentar un escenario hipotético de alianzas se volverá redundante a medida que avance el proceso y se defina el poder real en la competencia.
En política los escenarios no se fijan, se crean. Y dos años después de las elecciones, todo está en marcha. Las alianzas, si se producen, responderán a las condiciones concretas del momento, no a narrativas preconcebidas.

Hoy no hay un escenario definido. No se sabe quién ocupará el primer lugar, quién será el segundo, quiénes podrán ser desplazados. Pretender arreglar estos resultados de ahora en adelante es subestimar la inteligencia del pueblo dominicano.
Los estudios y mediciones que se han realizado apuntan a una situación competitiva, donde las principales fuerzas políticas -incluido el PLD- avanzan en situaciones bastante similares. Esto cobra aún más relevancia considerando que el PLD ni siquiera ha definido su candidato presidencial, dejando espacio para el crecimiento orgánico y la reestructuración estratégica.
Datos recientes apuntan a una realidad que algunos temen y tratan de ocultar: el PLD ya tiene entre el 25% y el 28% de las preferencias electorales sin definir su candidato.
Este nivel de posición en estas condiciones no sólo es un punto importante a tener en cuenta, sino que revela un amplio margen de crecimiento para el PLD, si tomamos como referencia las elecciones de 2024, donde apenas ganó un 10%.
Mientras tanto, otras fuerzas enfrentan dinámicas diferentes. El PRM mostró una caída sostenida, una caída de más de 20 puntos porcentuales, marcada por el desgaste de la gestión gubernamental y sin signos claros de recuperación en el mediano plazo.
inmovilizado
Por su parte, la Fuerza del Pueblo parece estancada. Diversos estudios reflejan que su crecimiento se ha detenido, e incluso en algunos casos, presenta niveles inferiores a los obtenidos en las elecciones de 2024. A esto se suma un elemento clave: los niveles de rechazo, que, en el caso de su principal dirigencia, representan un obstáculo importante para ampliar su base electoral.
En este contexto, el escenario no sólo sigue abierto, sino que tiende a reconfigurarse. Y es ahí donde el PLD se proyecta como la organización con mayor potencial de crecimiento: pasó del 10% en la última elección a alrededor del 30% en la actual medida, sin alcanzar aún su pico político.
Por lo tanto, la insistencia en colocar al PLD en un papel de apoyo no sólo es apresurada, sino profundamente interesada. Se intenta crear una impresión artificial de que la competencia real se limita a dos fuerzas políticas, cuando éstas saben muy bien que la realidad es diferente.
Pero hay un elemento adicional que no se puede pasar por alto. No hay coincidencia en el discurso entre PRM y FUPU. La insistencia simultánea en promover la misma narrativa revela una línea de acción que, más allá de la competencia formal, apunta a un objetivo común: intentar frenar el crecimiento abrumador del PLD, e impedir que se posicione como una fuerza hegemónica entre el electorado dominicano.
Porque esta uniformidad discursiva es en sí misma una señal política. Porque cuando dos fuerzas que se presentan como "adversarias" coinciden tan claramente en la misma estrategia de comunicación, lo que resulta evidente no es espontaneidad, sino un compromiso y una coordinación de intereses.
Por tanto, las historias bisagra no sólo son falsas, sino también reveladoras. Revela pánico, revela cálculo y, sobre todo, revela que la verdadera coalición la mantienen el PRM y el FUPU desde 2020.
El PLD no está llamado a apoyar a nadie. Estás llamado a crecer, competir y ganar. Y si estas son suposiciones, todas deben estar sobre la mesa, incluso cuando otros partidos reconozcan y apoyen al PLD.
El pueblo dominicano merece un debate más serio, más honesto y menos manipulado. Porque, en última instancia, el futuro político del país no estará determinado por la narrativa impuesta sino por la voluntad soberana del pueblo.
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