POLITICA

¿Podrá PRM sobrevivir sin Abindar? (Me gusta) | ACN

La pregunta no es lúdica ni lúdica, sino estrictamente política y de poder: ¿Puede existir en el gobierno un partido revolucionario moderno sin la figura de Lewis Abinadar?

Más allá del habitual cansancio por el logro o el ejercicio del poder, lo que está en juego es si el PRM es un partido institucionalmente unificado o un proyecto político cuya estabilidad depende del liderazgo de sus figuras clave.

Esta pregunta inicia un debate que se hace más evidente al observar la dinámica interna del partido.

Aunque el PRM creó estructuras de poder y buscó el poder del Estado, persiste la percepción de que su cohesión electoral, su disciplina interna y su capacidad de influencia están directamente vinculados a Luis Abinadar.

En ese sentido, la pregunta inevitable es: ¿existe un PRM capaz de sobrevivir sin la ayuda del liderazgo de Avindar o es simplemente una máquina electoral habilitada por su presencia?

Lewis Abindar

Veamos un elemento importante que nos ayuda en este análisis: primero, la diferencia entre los votos de estructura y, segundo, los votos de imagen.

Empecemos por el segundo caso. Gran parte de su fuerza electoral ha estado vinculada al liderazgo de Luis Abinadar, quien por sí solo ha logrado proyectar una imagen de credibilidad, disciplina y estabilidad que trasciende el partidismo.

Ahora veamos el primer caso: ¿tiene la estructura del partido el poder para lograr el mismo resultado?

¿Cómo respondemos a la pregunta: ese capital político se transfiere a la organización o se concentra en su persona?

En este contexto, observamos si el PRM es un partido o una máquina electoral. En este preciso momento está trabajando organizativamente en algo llamado "consenso" destinado a remodelar la dirección del partido. Pero este proceso abre otra pregunta más profunda: ¿para qué y para quién es el consenso? Si se trata de un proceso real de fortalecimiento institucional, puede presentar una oportunidad para movilizar al partido para prepararse para la transición del poder.

Sin embargo, si ese "consenso" se impone geográficamente desde arriba, no será más que un sistema de control interno, diseñado para operar la máquina sin resolver un problema subyacente.

En este sentido, los “elegidos” para la dirección y, en ciertos casos, los candidatos presidenciales del PRM, deben “rascarse con sus propias uñas” o crear su propia fuerza de conexión genuina con la base y ganar legitimidad política independiente para elevarse por encima de Luis Abinadar.

Porque no hay transferencia automática de poder ni simpatía electoral en la política, especialmente en el contexto presidencial, donde el voto es cada vez más influyente e individualista.

Volviendo al "consenso" para renovar la estructura del partido, si lo impone la dirección, el riesgo es claro: un candidato sin trabajo regional real, sin vínculos con la militancia (de base) y sin una presencia orgánica en la estructura del partido patinará contra la pared si las víctimas se quedan en casa.

En esta situación, el problema no es sólo interno, sino electoral, y volvemos a preguntarnos: ¿se puede sostener un proyecto político a partir de contratos de élite sin una base viva para buscar votos sobre el terreno?

La historia política internacional muestra que la popularidad no se transfiere fácilmente de una imagen a otra y no proporciona un término medio desmotivado. Pasó de Bill Clinton a Al Gore y de Hillary Clinton a Barack Obama; Es más, hemos tenido múltiples experiencias donde el liderazgo dominante intentó canalizar su capital político hacia otros candidatos sin resultados.

Incluso en el caso dominicano, la experiencia política ha demostrado que el poder no siempre garantiza una influencia electoral efectiva. En 2012, con Danilo, lo que era evidente era el peso del aparato estatal y los recursos gubernamentales, más que la transferencia real del liderazgo. Y, pese a los recursos, el presidente no pudo lograrlo con Danilo Gonzalo Castillo. Lo que confirma una ley fundamental de la política: el poder no siempre se hereda, sino que a menudo se reemplaza.

En ese sentido, la pregunta se vuelve inevitable y directa:

¿Podrá Luis Abinada trasladar su popularidad al PRM?

La experiencia política no lo dice.

La popularidad es principalmente un fenómeno personal, no institucional. Y, cuando el liderazgo es demasiado fuerte, suele ser difícil hacer la transición sin una reducción de la intensidad.

El llamado "consenso" interno del PRM, más que una solución concreta, puede convertirse en una prueba de fuego de la verdadera madurez del partido. Si es real, el "consenso" puede ayudar a unificar estructuras más sólidas; Si se impone, puede crear una desconexión entre el liderazgo y la base del partido.

En última instancia, el verdadero desafío no es la reestructuración del partido ni los acuerdos internos de poder, sino la capacidad del PRM de demostrar que es mayor que la suma de sus rivales actuales.

La historia es clara: los equipos que dependen demasiado de una única imagen enfrentan una crisis de continuidad cuando esa imagen deja de ser el eje del sistema.

Por lo tanto, la pregunta sigue siendo más fuerte que el comienzo: ¿está el PRM construyendo una organización con vida propia o está operando un ciclo político que sobrevive bajo el liderazgo de Luis Abinadar?

Pido disculpas por la mala educación, pero este artículo es para aquellos que miran más allá del trabajo.

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Redacción - ACN

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