El matrimonio entre derechos humanos y seguridad nacional
La relación entre derechos humanos y seguridad nacional a menudo se ha interpretado como un choque entre categorías opuestas, como si fueran enemigos irreconciliables. Este ha sido un gran debate en el Observatorio de Seguridad, Defensa y Geopolítica de RD. En varios momentos históricos, el discurso de seguridad ha visto los derechos humanos como un límite incómodo, mientras que los defensores de derechos han denunciado que la seguridad nacional se ha convertido en una excusa para justificar abusos. Esta percepción ha marcado un intenso debate, particularmente en contextos de guerra, terrorismo o crisis donde los mecanismos regulatorios parecen entrar en conflicto con las garantías individuales.
Sin embargo, esta visión de la hostilidad es reduccionista. Los derechos humanos no socavan la seguridad nacional, la legitiman. La seguridad nacional no destruye derechos, los protege si se ejercen con proporcionalidad y respeto. Como nos recuerda Susanna Pozzolo, los derechos son logros frágiles, que siempre enfrentan obstáculos, y por eso necesitan un entorno seguro para sostenerlos. En palabras del general Paco Moncayo, la seguridad nacional sólo es legítima cuando se convierte en garantía de estos derechos fundamentales, ya que "la defensa no puede separarse de la legitimidad democrática".
La coincidencia entre ambos conceptos no es un punto fijo, sino un proceso de construcción dinámico. Esto se manifiesta en la práctica cuando las fuerzas de seguridad asumen un compromiso genuino con la dignidad humana, el respeto a la legitimidad y la transparencia en sus acciones. Estos elementos transforman la seguridad en confianza cívica. La seguridad impuesta con miedo crea lealtad, pero nunca confianza; Por otro lado, la seguridad utilizada con respeto fortalece la cohesión social.
Es necesario resaltar que las organizaciones de promoción de derechos humanos no deben ver la seguridad nacional como enemiga de las garantías constitucionales y los derechos fundamentales, ya que una sociedad segura permite el pleno ejercicio de los derechos y el cumplimiento de los deberes cívicos. La seguridad nacional no puede imaginarse sin los derechos humanos, las organizaciones no pueden convertirse en el foco común de crítica; Ambos roles se complementan. El primero asegura un marco de protección y respeto, mientras que el segundo contribuye a la preservación de la estabilidad democrática y de las instituciones, pilares del Estado de derecho que garantizan el ejercicio de los derechos fundamentales. Lejos de debilitar al Estado, lo fortalecen, ya que ayudan a construir legitimidad y estabilidad.
La coincidencia entre derechos humanos y seguridad nacional debe entenderse como una combinación dinámica, en constante ajuste. Es la búsqueda de un Estado que preserve su estabilidad sin sacrificio fundamental de derechos y, a cambio, la regulación de ciertos derechos para garantizar la seguridad colectiva. Este equilibrio no es una concesión, sino una condición esencial para la validez de la garantía y la exigibilidad del derecho.
En última instancia, la seguridad sin derechos es tiranía y los derechos sin seguridad son mera retórica. Por lo tanto, es necesario seguir construyendo el Sangam, porque sólo así los derechos humanos y la seguridad nacional podrán ir verdaderamente de la mano.




