Ya se ven los chelitos de aeródromo

Santo Domingo está empezando a ver resultados concretos de decisiones que generaron controversia en su momento, pero que hoy se han traducido en soluciones prácticas. La inauguración del túnel 27 de Febrero en la Plaza de la Bandera marca el antes y el después de uno de los circuitos viarios más transitados de la ciudad. No se trata de un trabajo cualquiera: es una intervención estratégica que comienza a devolver fluidez a una arteria clave para la movilidad diaria de miles de capitalinos.
Cualquiera que pase por esta zona ya nota la diferencia. Menos atascos, mayor continuidad en el flujo de vehículos y mejor organización del tráfico. En una ciudad donde el tiempo perdido en el tráfico supone un importante coste económico y humano, este tipo de soluciones impactan directamente en la calidad de vida y la productividad.
Pero los túneles no vienen solos. La amplia reconstrucción de la Plaza de la Bandera complementa la obra con un espacio digno, ordenado y visualmente coherente con la importancia simbólica del lugar. Se trata de una intervención que combina funcionalidad con estética urbana, algo que históricamente ha sido poco común en muchos proyectos de infraestructura del país.
Hay una historia detrás de esta marcha que vale la pena destacar. Estas obras son en gran medida resultado de la renegociación del contrato de Aerodom, medida que permite canalizar recursos hacia obras prioritarias sin recurrir a deuda adicional. Hoy, esos "chelitos" empiezan a convertirse en soluciones visibles y medibles.
Sin embargo, la financiación por sí sola no explica los resultados. Hay un elemento técnico y humano fundamental: un equipo de ingenieros y contratistas experimentados, muchos de los cuales se capacitan durante la mayor actividad constructiva del país. Más allá de las controversias que caracterizaron ese período, lo cierto es que dejó atrás una generación de profesionales altamente capacitados, capaces de realizar tareas complejas con eficiencia y precisión.
La participación de Constructora JM en este proyecto demuestra que República Dominicana tiene la capacidad instalada para ejecutar infraestructura de alto nivel cuando se combina con planificación, supervisión y experiencia. La eficiencia, como se ha demostrado, no mejora.
El país necesita más: contratistas visionarios, equipos técnicos preparados y decisiones que prioricen los resultados concretos sobre las promesas. La infraestructura no sólo conecta puntos en un mapa; Conecta oportunidades, fortalece economías y eleva valores.


