Terremoto

Recuerdo vívidamente el día 12 de enero de 2010, cuando el destino me llevó al sótano de un edificio de tres pisos en Puerto Príncipe. En cuestión de segundos, mi vida y la de miles de haitianos cambiaron para siempre. A pesar de haber sido entrenado sobre cómo actuar durante un terremoto, en ese momento de pánico, las instrucciones se desvanecieron de mi mente. La única reacción instintiva fue correr, escapar del lugar.
Nos enseñan que en estas situaciones es mejor buscar refugio y tumbarse junto a una mesa o escritorio, que intentan formar el "triángulo de la vida". La mayoría de las muertes son causadas por lesiones en la cabeza causadas por escombros que caen del techo y el área circundante en cuestión de segundos. La tragedia de la jet set es un ejemplo reciente de esta cruel realidad. Con el repentino movimiento se escuchó un sonido ensordecedor, como el de una locomotora, una voz que gritaba: "¡Va a pasar, va a pasar!". Pero nada de eso tenía sentido. La gente, presa del pánico, corre hacia la puerta, formando un bloqueo humano. Después de salir, la frustración creció porque el celular no funcionaba; Todas las comunicaciones se han perdido debido a la congestión de llamadas.
El panorama era desolador: tejados derrumbados, heridos cubiertos de polvo, llorando y pidiendo ayuda. Caminamos entre las ruinas, ayudando a mover piedras, con una sensación de impotencia. Esa noche, réplicas, gritos y cánticos llenaron el aire, y al día siguiente, Minustah apareció con un equipo de rescate.
Se hizo un reconocimiento de los muertos y se destruyeron edificios. Durante dos semanas vivimos en tiendas de campaña porque las Naciones Unidas nos prohibieron dormir en nuestras habitaciones. Mi oficina se derrumbó y más de 200 de mis colegas perdieron la vida. Durante años hemos sufrido estrés postraumático. Cada vez que entraba a un espacio cerrado lo primero que buscaba era la salida de emergencia.
Esta experiencia me enseñó una lección importante: la prevención es vital. Es imperativo revisar todas las estructuras públicas y privadas que exigen la inclusión de sistemas estructurales antisísmicos. Ya sea en casa, trabajo o escuela, debemos realizar amplios simulacros sobre cómo actuar en caso de emergencia. Nuestro país se encuentra ubicado sobre una falla geológica de alto riesgo y propensa a eventos de esta naturaleza. La preparación es nuestra mejor defensa. Hoy debemos solidarizarnos con Venezuela.




