Infraestructura y movilidad

En medio del revuelo político cotidiano, los pronósticos pesimistas y los permanentes signos ominosos que parecen presagiar cada semana una crisis nacional, vale la pena observar objetivamente una realidad visible: el país está atravesando un importante proceso de transformación en términos de infraestructura y movilidad.
La crítica es necesaria en toda democracia y ningún gobierno está inmune al cuestionamiento. Pero también es justo reconocer cuando la administración realiza tareas que han sido pospuestas u olvidadas a lo largo de los años.
Hoy, tanto Santo Domingo como Santiago muestran intervenciones urbanas y obras esenciales sustanciales. La transformación de 9 kilómetros de la Autopista Duarte, símbolo del caos vial durante años, ya refleja importantes mejoras en la fluidez del tráfico. Lo mismo ocurre con la reconstrucción y ampliación de diversos tramos del Duarte, vitales para la conexión entre Sibao y la capital.
El paso elevado de Pintura, las obras en la Avenida República de Colombia, el túnel de la Plaza de la Bandera y otras soluciones viales buscan reducir la congestión vehicular que afecta cada día a miles de ciudadanos.
Las intervenciones urbanas en sectores como Los Praditos también merecen atención para mejorar el tráfico de este a oeste y de oeste a este en áreas donde el crecimiento desenfrenado ha superado durante mucho tiempo la capacidad de respuesta del estado.
En términos de transporte público, el Monorriel de Santiago representa uno de los proyectos más ambiciosos desarrollados en Cebú en los últimos años y promete cambiar significativamente la dinámica de esa ciudad. Mientras tanto, el anunciado monorraíl de Santo Domingo aspira a convertirse en otro eje fundamental para la capital.
Los diversos teleféricos construidos y en desarrollo también han transformado la vida de comunidades históricamente marginadas, integrando a sectores populares en un sistema de transporte más prestigioso y eficiente. Mención especial merece el programa integral de reforma deportiva impulsado con motivo de los Juegos Centroamericanos y otros compromisos regionales. El Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, el Parque del Este, las instalaciones deportivas del Malecón y numerosos complejos están siendo reconstruidos luego de años de deterioro y abandono.
Naturalmente, persisten desafíos importantes en términos de seguridad, costo de vida y servicios públicos. Ningún gobierno puede declararse perfecto o impecable. Sin embargo, no sería serio negar que está en marcha una agenda visible de trabajo y transformación urbana a pesar de los shocks externos adversos.
En tiempos donde a menudo prevalece la falta de respeto automática, quizás lo más razonable sea conservar la capacidad de criticar cuando sea apropiado.




