Aunque hoy quedan pocos en las calles, los caballos comerciales de la capital han desaparecido.

Las Lilas, Santo Domingo Este. – Una postal del pasado cobra vida en esta foto tomada en la calle Orlando Martínez del sector Las Lilas en Santo Domingo Este. La imagen muestra a dos hombres en un carro tirado por un caballo flaco.
Entre los años 60 y mediados de los 90, el paisaje urbano y rural de Santo Domingo se caracterizaba por un sonido constante y familiar: el correr de las bestias de carga y el crujido de las ruedas de madera. Era el medio de transporte más utilizado para realizar los trabajos pesados que hoy realizan los camiones "bananeros" y las motos.
Mucho antes de que los furgones y los triciclos motorizados inundaran las carreteras, la tracción sanguínea era la columna vertebral del comercio local. Los animales se encargaban de repartir los almacenes de alimentos y transportar materiales pesados desde las ferreterías.
“Hacer una mudanza, entregar mercancía o salir a vender por el barrio depende exclusivamente de la fuerza y lealtad de estos animales”.Recuerda a un viejo hombre de negocios mientras fuma un trozo de tabaco Andulo en su narguile.
Hoy en día, la tecnología ha relegado esta imagen a la nostalgia, transformando por completo la logística urbana y dejando estas imágenes como un valioso recordatorio de las bases sobre las que se construyó el comercio actual.
Sin embargo, el uso del coche en las ciudades se ha generalizado tanto que se ha convertido en un grave problema social y de movilidad. Los conductores estacionan en cualquier lugar y conducen sin reglas, lo que provoca graves perturbaciones en el tráfico diario.
Lejos del centro de la ciudad, en zonas periféricas como Los Tres Brazos, aún se pueden ver carruajes tirados por caballos, eliminados en la capital. Jorge González
Quizás el factor más importante fue el evidente maltrato a los caballos: jornadas agotadoras sin descanso, falta de alimentación adecuada y sin atención veterinaria. Esta dura realidad generó conciencia en la sociedad dominicana, que comenzó a condenar colectivamente el abuso.
Este mismo diario, El Nacional, lanzó una intensa campaña con una serie de reportajes, noticias, artículos de opinión y editoriales exigiendo acciones a las autoridades para erradicar la explotación equina en la capital.
No fueron casos aislados; La convivencia con el creciente parque de vehículos a motor provocó que cientos de coches circularan por la ciudad, generando un auténtico caos.
En aquella época, era bastante común que vehículos de madera cargados con víveres, frutas, arena, cemento o bloques perturbaran el tránsito e incluso retiraran y recogieran basura en cada rincón del barrio.
Hasta ahora, los carros tirados por caballos eran el medio de transporte ideal para cargas ligeras en espacios reducidos. Jorge González


