DEPORTES

El latido huérfano del béisbol reside en las ligas circundantes

Sudelka García

En República Dominicana el béisbol no es un deporte común; Es una religión, un billete de salida, el tejido mismo de la identidad del barrio.

Sin embargo, detrás de las luces y los contratos multimillonarios de los estadios de las grandes ligas se esconde una realidad desgarradora.

Las ligas barriales, verdaderas creadoras de talento nacional y baluartes contra el crimen, operan en condiciones de absoluta crisis.

Viven en el abandono, respiran el polvo de la incertidumbre y cargan sobre sus hombros el peso de un vacío institucional crónico.

El régimen continúa con la aportación de los padres.

Cuando no hay ayuda de las autoridades competentes, los entrenadores vecinales asumen el papel de padres, psicólogos y socorristas.

Este es el caso de La Grey de Jehová, reflejo vivo de un sistema que ignora a sus hijos hasta que es demasiado tarde.

comenzar

El año 2020 estuvo marcado por los temores de pandemia y el confinamiento. Pero, en medio de ese desierto de incertidumbre, nació una visión.

Juan Carlos Vargas y Frandy Jiménez, dos amigos universitarios y excompañeros en el béisbol Doble A, se reencuentran en la fe cristiana y deciden desafiar la parálisis del mundo.

El nombre fue revelado de Dios.

"Empezamos en los momentos más difíciles", recuerda Frandy, recordando su pasado. “Juan Carlos me dio la idea.

El terreno se convirtió en un cerro, la mitad estaba sembrado de yuca y había un agujero enorme en el medio."

Con sus propias manos, quitando malezas y rellenando la tierra, adaptaron una parte del terreno.

Comenzaron con solo dos hijos, ante las miradas incrédulas de familiares y amigos que los llamaban locos.

nombre

El nombre surgió a través del Apocalipsis: Rebaño de Jehová, un recordatorio de que esta tierra, por mala que sea, vivirá en un rebaño guiado por la fe.

Liga

Hoy en día, 65 niños están inscritos en la liga, pero la infraestructura sigue siendo una herida abierta. La incertidumbre no es un obstáculo temporal; Es una rutina diaria.

sin ayuda

No hay bates nuevos cada mes, ni pelotas de repuesto ni accesorios sofisticados.

El plan se mantiene en funcionamiento debido a las cuotas que los padres pueden pagar y los sacrificios financieros realizados por los propios jóvenes. Explican que quienes no tienen riqueza no están excluidos; En cambio, son abrazados.

Juan Carlos y Frandi aplican un filtro humano desgarrador a la hora de adoptar un niño: "¿Vives con tu padre y tu madre?"

A partir de ahí analizan el contexto social. Abandonar a un niño porque no puede pagar la cuota mensual equivale a entregárselo en bandeja de plata a la delincuencia local. "El deporte es su único refugio", afirman.

al olvido

¿Por qué el trabajo de socorro es una iniciativa que salva vidas?

"Políticamente hablando, si no represento al segmento de votantes que les ayuda a hacer campaña, no obtendremos el beneficio. Ellos entienden que lo que están aquí son los niños, no los votantes.

Durante la campaña vienen, nos ofrecen la ciudad y Castilla, y ésta nunca se revela. Enviamos cartas, tocamos puertas de instituciones públicas y privadas y el apoyo es nulo”, afirmó Juan Carlos Vargas.

"Las autoridades ven el deporte como un gasto prescindible y no como la herramienta de prevención social más barata y eficaz disponible", comentó.

"El desarrollo psicomotor, el fortalecimiento inmunológico de los menores del barrio y la salud mental dependen enteramente de la caridad de los individuos, mientras que las oficinas estatales miran para otro lado", afirma.

El régimen continúa con la aportación de los padres.

¿Qué pasa con los niños del barrio cuando hombres como Juan Carlos y Frandy se cansan? ¿Qué pasa si les falla la fuerza física o tienen los bolsillos vacíos?

Si el rebaño de Jehová cierra sus puertas, 65 niños quedarán arrinconados, en un peligroso retiro y debilidad.

La disminución de las ligas vecinales sugiere un aumento geométrico de las tasas de criminalidad. Es una bomba de tiempo que el Estado prefiere ignorar.

promesa

Jair Martínez Gómez tiene solo unos pocos años y juega como campocorto. Sus ojos se iluminan cuando habla de su ídolo, Eli de la Cruz.

Llegó a jugar con cuatro años, queriendo seguir los pasos de su padre. Hoy, en quinto grado, Zaire ejemplifica de qué se trata la liga.

"No todos vamos a ser beisbolistas, pero tenemos que estudiar porque la vida es una sola. Si no se hace eso, hay que depender del trabajo y de las universidades. Agradezco a mis entrenadores el esfuerzo que ponen cada día y sus consejos".

Jair Martínez Gómez tiene pocos sueños

Randall Sánchez González, 16 años y seis de ellos en la liga, este catcher (receptor) conoce bien el sudor de la arena. Describe los ejercicios como vigorosos, pero gratificantes.

Para él, más que Juan Carlos y Frandy Koch: “Nos inculcan valores y actúan como padres que realmente se preocupan por nosotros.

Mi mensaje a los jóvenes es que no se rindan, tengan un sueño firme y no se desanimen en los días malos".

Redacción - ACN

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