Los partidos imponen el discurso electoral ACN

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A la Junta Central Electoral (JCE) le resulta ahora imposible impedir que los partidos políticos, los partidos de gobierno, realicen sus fervientes campañas proselitistas más allá del tiempo previsto por la ley, aunque utilicen subterfugios como juramentos, tomas de posesión o mítines para evitar esa camisa de fuerza. Así ha sido siempre.
Los partidos, líderes y candidatos crean ferias electorales con la intención de imponer una retórica electoral sin prestar atención a las predicciones de un grave desastre económico derivado de la crisis de Oriente Medio, que podría socavar incluso el orden social más elogiado.
Los indicadores económicos como la inflación, el empleo, los tipos de cambio y las tasas de interés, aunque muy inestables, están anclados en un puerto de relativa estabilidad, pero los vientos de crisis externa causados por la guerra en Irán son de tal magnitud que aseguran que las discusiones políticas giren en torno a cómo prevenir riesgos.
El Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha tratado de posicionar su debate interno sobre la propuesta de posponer la renovación de su dirigencia nacional como una prioridad nacional. Es causada por una crisis partidista que distrae o desvía la atención que el gobierno debería dirigir hacia el riesgo de una crisis económica grave.

Se puede contar con los dedos de una mano que los ministros participan activamente en la receta para mitigar la perturbación de los precios del petróleo y su impacto en la inflación, el déficit fiscal, la creación de empleo y el crecimiento de la pobreza, ya que la mayoría está más centrada en el caos del PRM.
Hay más personas en el gobierno y en la oposición que sueñan con disfrutar de los placeres del poder o con ocupar la silla pública, que reflexionan más sobre la política que quienes se preocupan por lo que pasa o podría pasar en el ámbito económico y social.
El electorado dominicano sabe distinguir entre líderes y líderes, mansos y cimarrones, así como cojos sentados y ciegos durmiendo, por lo que la carpa proselitista debe incluir una gama más amplia de temas relacionados con el mal momento económico, si realmente quiere conectar con las masas.
A dos años de las elecciones, partidos, dirigentes, precandidatos y dirigentes deberán reorganizar su estructura interna y ampliar sus expectativas electorales en las condiciones que marca la ley electoral, pero la discusión de fondo debe vincularse a la crisis derivada de la incertidumbre.
La agitación partidista no puede ocupar los focos mediáticos, porque ese espacio debe reservarse para un debate nacional serio, profundo y útil sobre la crisis económica desencadenada por la sangrienta tormenta externa de incertidumbre, cuyo epicentro amenaza con reasentarse en el Caribe.
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